Pero finalmente se alcanzaron acuerdos para reconocer sus aportaciones y asignarles viviendas dentro del desarrollo terminado.
Elena y don Manuel recibieron un departamento equivalente al que habían elegido.
Cuando los acompañé a conocerlo, don Manuel se quedó mirando el elevador.
—Mi esposa quería que viviéramos cerca de nuestros nietos —dijo con la voz quebrada—. Pensé que iba a morirme sin cumplirle.
Elena me abrazó.
—Nos devolvieron algo más importante que el dinero, hija. Nos devolvieron la tranquilidad.
Lloré junto a ellos.
Porque aquella había sido la verdadera victoria.
Meses después llegaron las primeras sentencias.
Héctor Barragán y Patricia recibieron condenas por su participación en el esquema fraudulento. También quedaron abiertos procedimientos para recuperar los bienes y recursos desviados.
Arturo recibió una pena de prisión reducida por su colaboración, aunque los jueces reconocieron que había actuado con conocimiento de varias irregularidades.
Renata también enfrentó consecuencias legales por su participación inicial, mitigadas por las pruebas que aportó.
Su matrimonio con Arturo terminó.
La mansión donde habían celebrado su boda dejó de pertenecer a la familia Barragán.
Teresa, que meses atrás había humillado a mi madre por llevar mermeladas artesanales, apareció un día frente a mi edificio.
Ya no llevaba joyas grandes ni ropa extravagante.
—Lucía, por favor —suplicó—. Retira la demanda contra mi hijo. Ya perdió suficiente.
Yo había presentado una reclamación civil por los setecientos mil pesos que aporté al enganche del departamento.
Con mis transferencias y las conversaciones guardadas, pude demostrar que ese dinero se entregó para adquirir la vivienda en la que supuestamente viviríamos después de casarnos.
El tribunal ordenó su devolución, con los intereses correspondientes.
Miré a Teresa sin levantar la voz.
—Ese dinero lo gané trabajando noches enteras, señora. Arturo me lo quitó y después me dejó en la calle. No voy a renunciar a recuperarlo.
Comenzó a llorar.
—Es mi único hijo.
—Y yo soy la única hija de una mujer que trabajó toda su vida para sacarnos adelante. Usted la humilló porque no teníamos dinero. Ojalá algún día entienda que la dignidad no se compra.
Teresa se marchó sin responder.
Nunca volvimos a vernos.
