- PARTE 1
—¡Si el perro no aparece, tu hija se queda encadenada afuera hasta que aprenda a obedecer! ¡Y si se enferma, será culpa tuya por haberla educado tan mal!
Esas fueron las palabras de mi esposo, Sergio Robles, mientras nuestra hija de cinco años temblaba bajo la lluvia, amarrada con una cadena de perro a la reja de nuestra residencia en Puerta de Hierro, Zapopan.
—Mami, ¿ya puedo entrar? Tengo mucho frío… Yo no hice nada malo.
Daniela apenas podía hablar. Su pijama rosa estaba empapada, tenía los labios pálidos y sus pequeñas muñecas mostraban marcas donde el metal le había rozado la piel.
Me arrodillé sobre el pavimento mojado y la abracé con todas mis fuerzas.
—Mi amor, mírame. Mamá está aquí. No voy a dejarte sola.
Frente a nosotras, bajo el techo de la entrada, Sergio sostenía una copa de vino. A su lado estaba Camila, su amante, envuelta en una bata de seda blanca.
—Sergio, no quiero parecer cruel —dijo ella, fingiendo llorar—, pero Copo es prácticamente mi hijo. Daniela lo dejó escapar porque me tiene celos. Alguien tiene que enseñarle que sus acciones tienen consecuencias.
Copo era un samoyedo que Sergio le había regalado por su cumpleaños. Desde que Camila comenzó a quedarse en nuestra casa, aquel perro recibía más atenciones que mi propia hija.
—¡Daniela nunca tocó a ese perro! —grité—. ¡Yo vi cuando Camila lo entregó a un hombre junto a una camioneta esta tarde!
Sergio bajó los escalones furioso.
—¡Ya basta de tus mentiras, Mariana!
Me dio una bofetada tan fuerte que perdí el equilibrio.
—Camila tiene educación, clase y sabe comportarse. Tú llegaste a mi vida sin un peso y todavía tienes el descaro de acusarla.
Su madre, Beatriz, apareció detrás de él.
—Yo siempre te advertí que esa mujer era una aprovechada —comentó—. Hasta su hija salió igual de problemática.
Daniela empezó a llorar.
—Abuelita, yo no hice nada…
Beatriz cerró la puerta sin contestarle.
Llevaba siete años casada con Sergio. Cuando lo conocí, tenía una pequeña constructora endeudada y sueños que parecían imposibles. Lo acompañé durante sus peores momentos, ayudándolo con contratos, presupuestos y negociaciones.
Jamás le revelé que yo era Mariana Villarreal, heredera de uno de los grupos empresariales más importantes del occidente de México.
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😱😥💖Mi hija de 5 años temblaba encadenada bajo la lluvia mientras mi esposo bebía vino con su amante. “Si no aparece mi perro, la niña no entra”, dijo ella, y él me abofeteó cuando intenté defenderla. Después de siete años de matrimonio, hice una sola llamada. A la mañana siguiente, llegó un abogado con una carpeta que podía dejar a mi esposo sin todo lo que presumía tener…
