—Arturo fue elegido precisamente porque no entiende el negocio. Él firma los contratos, autoriza las facturas y aparece como responsable. Cuando los bancos empiecen a investigar, todo caerá sobre su empresa. Nosotros estaremos protegidos.
Otra voz preguntó qué ocurriría si Arturo se negaba a cooperar.
Barragán respondió:
—Le prometemos ayuda y después lo dejamos solo. Para eso se casó con mi hija. Necesitábamos a alguien ambicioso que firmara sin hacer preguntas.
Arturo empezó a temblar.
—No… —murmuró—. Me dijeron que sería parte de la familia.
La grabación continuó.
Barragán mencionó las facturas falsas, los préstamos de los compradores y la necesidad de culpar a alguien del departamento de costos si se descubrían las irregularidades.
Al terminar, Arturo se cubrió la cara.
Lloró como nunca lo había visto llorar.
Pero yo no sentí alegría.
Solo recordé el sobre de cincuenta mil pesos que había colocado delante de mi madre.
Había vendido nuestra relación por la promesa de un lugar entre los ricos.
Ahora descubría que para ellos nunca había sido más que una firma.
Arturo cambió de abogado y decidió colaborar con la investigación.
Entregó mensajes, instrucciones y detalles sobre las reuniones donde se autorizaban los pagos falsos.
Eso no lo convirtió en inocente.
Había firmado contratos sin revisarlos y permitido operaciones que perjudicaron a decenas de familias.
Pero su testimonio ayudó a reconstruir el fraude.
Las autoridades aseguraron documentación y cuentas relacionadas con las empresas involucradas.
Héctor Barragán y su hermana Patricia fueron detenidos posteriormente, y el proceso judicial se prolongó durante varios meses.
La crisis financiera del grupo terminó en un procedimiento de concurso mercantil.
A petición de los acreedores se supervisaron los activos, las obligaciones pendientes y el destino de los proyectos inconclusos.
Martín pudo haber utilizado su posición para recuperar dinero y olvidarse de los compradores.
No lo hizo.
Con apoyo de los abogados y bajo un convenio aprobado dentro del procedimiento, Capital Horizonte participó en el financiamiento de una sociedad que retomó la construcción.
Se revisó caso por caso la situación de las cuarenta y dos familias que habían entregado dinero mediante contratos irregulares.
No fue fácil.
Hubo reclamaciones, negociaciones y meses de incertidumbre.
