—¿Está diciendo que el director utilizó dinero de una asociación para ocultar una reclamación y después omitió informarla a su aseguradora?
—Exactamente.
—Entonces debemos averiguar qué declaró cuando renovaron la póliza.
Sabía que una omisión no anulaba automáticamente todos los seguros. Pero también sabía que una declaración falsa, acompañada de pagos ocultos y antecedentes relevantes, podía dejar al colegio enfrentando reclamaciones sin la protección que creía tener.
Adriana preparó dos escritos.
El primero fue una denuncia ante la Fiscalía del Estado de Jalisco, acompañada por la grabación original, los informes médicos y los testimonios.
El segundo fue una notificación formal a la aseguradora del colegio, informándole de los antecedentes que podían afectar la cobertura y solicitando una revisión.
Arturo Pineda, el tesorero, aceptó entregar los movimientos del patronato por los canales legales correspondientes.
Pero todavía faltaba una persona.
Mauricio Herrera, el subdirector.
Lo encontramos sentado en su automóvil, frente a una cafetería.
Cuando me vio, ni siquiera intentó fingir sorpresa.
—Sabía que vendría —murmuró.
—Necesito saber qué pasó con las tres páginas que escribió mi hija.
Mauricio bajó la cabeza.
—Se las entregué personalmente a Octavio.
—¿Y después?
—Las leyó frente a mí. Dijo que Sebastián no podía perder su beca deportiva por unas acusaciones. Luego metió las hojas en la trituradora.
Sentí que la sangre me subía al rostro.
—¿Usted permitió eso?
Mauricio comenzó a llorar.
—Yo tenía miedo de perder mi trabajo. Tengo dos hijos. Pensé que si guardaba silencio, todo terminaría.
—No terminó, Mauricio. Casi queman viva a mi hija.
El hombre se cubrió la cara.
—Hay algo que todavía no sabe. Después de destruir el documento, Octavio me ordenó elaborar un informe diciendo que Sofía había inventado rumores para perjudicar a Sebastián. Se lo entregaron al muchacho.
—¿Conservó alguna prueba?
—El correo donde me dio las instrucciones. Nunca lo borré.
Aquella tarde Mauricio aceptó declarar formalmente con asesoría jurídica.
Por primera vez, Octavio comenzaba a perder el control de las personas que habían guardado sus secretos.
Pero no se rindió.
El viernes siguiente, el Consejo Directivo del Colegio San Gabriel convocó una reunión extraordinaria.
Por tres votos contra dos aprobaron modificar el artículo 9.4.
