Parte 1
El teléfono de Mariana Salcedo sonó a las 11:43 de la mañana, mientras preparaba el medicamento de un paciente en un hospital de Querétaro.
La llamada provenía de un número desconocido.
Estuvo a punto de rechazarla, pero algo la hizo contestar.
—¿Señora Mariana Salcedo?
Le habla el oficial Héctor Vargas, de la Policía Municipal.
Necesito que regrese inmediatamente a su domicilio.
Es por sus 2 hijos.
Mariana sintió que se le helaba la sangre.
—¿Qué pasó? ¿Están bien?
—Los niños están a salvo, señora.
Pero tiene que venir.
Necesita ver lo que hizo su hijo mayor.
—¡Dígame qué hizo Emiliano!
—Prefiero explicárselo personalmente.
La llamada terminó.
Mariana permaneció inmóvil, sosteniendo el teléfono con una mano temblorosa.
Emiliano tenía 17 años.
Su hermanito, Mateo, apenas 3.
Aquella mañana, como la guardería estaba cerrada por una jornada de capacitación, Mariana había dejado al pequeño bajo el cuidado de su hermano.
Emiliano no tenía clases ese día y había prometido quedarse en casa.
Ahora la policía estaba esperándola.
Mariana pidió permiso a su supervisora, se quitó los guantes y salió del hospital casi corriendo.
Durante el trayecto recordó todas las veces que había discutido con Emiliano durante los últimos meses.
Su hijo había cambiado desde la muerte de su padre, Ricardo, ocurrida 2 años atrás.
Ricardo trabajaba instalando equipos eléctricos.
Una tarde sufrió un infarto mientras conducía por la carretera rumbo a San Juan del Río.
Alcanzó a detener su camioneta en el acotamiento, pero nadie comprendió que estaba sufriendo una emergencia.
Cuando un automovilista finalmente se acercó, ya era demasiado tarde.
Emiliano tenía 15 años entonces.
Antes de aquella tragedia era un muchacho alegre, apasionado por el futbol, que llenaba la casa de música y bromas.
Después del funeral dejó el equipo de la escuela, vendió su consola de videojuegos y puso los $4,800 pesos que recibió sobre la mesa de la cocina.
—Para ayudarte con los gastos, mamá.
Mariana lloró aquella noche.
Trabajaba como enfermera, pero las mensualidades de la casa y los gastos de sus hijos la obligaban a cubrir turnos adicionales.
Emiliano comenzó a preparar la comida, recoger a Mateo de la guardería y ayudarlo a dormir.
Sin embargo, también empezó a comportarse de maneras que la preocupaban.
Salía a caminar cuando todos dormían.
Guardaba secretos.
