Pero no voy a aceptar que le quiten sus cosas a una mujer enferma y después utilicen su salud para obligarme a guardar silencio.
Nadie respondió.
Ernesto se acercó a Ricardo.
—La negociación de nuestro contrato queda suspendida hasta que se aclare la información patrimonial que nos proporcionaste.
Andrés miró a Valeria con desconcierto.
—¿Sabías de dónde salió el dinero?
Ella tardó demasiado en contestar.
—Mi papá dijo que la abuela estaba de acuerdo.
—Pero Santiago acaba de explicar que nadie le preguntó.
Valeria se limpió las mejillas.
—Yo solo quería que estuvieras orgulloso de mí.
Andrés retrocedió.
—No necesitabas un Mercedes para eso.
La fiesta terminó antes de que sirvieran el pastel.
A la mañana siguiente, Ricardo recibió un requerimiento formal de los representantes del fideicomiso.
Se exigía aclarar la operación, restituir los recursos o recuperar el instrumento y entregar la documentación relacionada con su venta.
También se advirtió que el uso de una autorización presuntamente falsa sería denunciado ante la Fiscalía.
Ricardo llamó furioso a Santiago.
—¿De verdad quieres mandarme a la cárcel?
—No depende de mí, papá.
Depende de lo que hayas hecho y de lo que determinen las autoridades.
—¡Soy tu padre!
—Y ella es tu madre.
Ricardo colgó.
Durante los siguientes días, Arturo localizó al comerciante que había comprado el piano.
El instrumento había sido trasladado a una galería especializada en Ciudad de México, donde esperaba una restauración antes de ofrecerse a coleccionistas.
El comprador reconoció que había confiado en la documentación presentada por Ricardo y accedió a suspender cualquier operación mientras se aclaraba la propiedad.
Tras varias negociaciones, se alcanzó un acuerdo para recuperar el piano mediante la devolución del precio, cubierto con fondos obtenidos de la venta del automóvil y aportaciones adicionales de Ricardo.
Valeria tuvo que entregar el Mercedes.
La diferencia que faltaba quedó reconocida en un convenio formal, con un calendario de pagos y garantías revisadas por los abogados.
Por separado, la familia de Elena inició los procedimientos correspondientes para que se investigara la firma cuestionada.
El peritaje posterior encontró diferencias relevantes respecto de las firmas auténticas de Elena.
El resultado se incorporó a la investigación, que continuó conforme a sus propios tiempos.
Ricardo también tuvo que enfrentar otra consecuencia.
Su empresa perdió temporalmente una línea de crédito después de que una institución financiera solicitara verificar la información de sus activos.
Ernesto Villaseñor canceló el contrato que estaban negociando.
No porque la familia hubiera discutido públicamente, sino porque descubrió contradicciones importantes en la información que Ricardo había presentado.
Patricia dejó de organizar reuniones.
Y cuando recibió una notificación para formalizar las condiciones de ocupación de la casa de Juriquilla, comprendió que llevaba años confundiendo la generosidad de Elena con un derecho absoluto.
Elena autorizó que permanecieran allí durante 90 días mientras encontraban otra vivienda.
Después tendrían que entregar la propiedad.
Santiago siguió visitando a su abuela diariamente.
Una tarde le llevó una noticia que llevaba semanas esperando.
—Encontramos el piano, abuela.
Elena abrió los ojos con sorpresa.
—¿Está bien?
—Tiene algunos rayones del traslado, pero el especialista dice que pueden repararse sin afectar su sonido.
Ella sonrió.
—Entonces todavía tenemos una oportunidad.
—¿De qué?
—De escuchar algo hermoso antes de que me vaya.
