Parte 1
—¡Tu padre se pasó la vida inventando excusas para justificar tus fracasos! ¡Y ahora quieres que hagamos lo mismo con tu hija!
Mi madre gritó esas palabras frente a 12 familiares, durante la cena de Navidad, porque mi bebé de 11 meses había derramado un vaso de agua.
Yo estaba de pie, con mi hija llorando contra mi pecho y el vestido azul que yo misma le había tejido completamente mojado.
—Mamá, es una bebé.
Fue un accidente.
—¡Siempre tienes una excusa, Mariana!
Primero tu divorcio, luego tu trabajo mediocre y ahora una niña a la que ni siquiera sabes educar.
Nadie dijo nada.
Mi hermana menor, Lucía, bajó la mirada.
Mi tía Elena dejó el tenedor sobre el plato.
Hasta mi hija pareció entender que algo terrible estaba pasando.
Tomé la pañalera.
—Nos vamos.
Lo que ocurrió después hizo que aquella Navidad terminara de una manera que ninguno de nosotros habría imaginado.
Me llamo Mariana Salcedo, tengo 33 años y vivo en Querétaro.
Hasta esa noche todavía creía que, si me esforzaba lo suficiente, algún día conseguiría que mi madre estuviera orgullosa de mí.
Mi padre había muerto 7 meses antes.
Su ausencia seguía doliéndome tanto que algunas mañanas tomaba el teléfono para llamarlo antes de recordar que ya no estaba.
Él había sido mi refugio durante toda la vida.
Cuando reprobé matemáticas en secundaria, me ayudó a estudiar sin regañarme.
Cuando terminé mi matrimonio, me recibió con una taza de café y me dijo que regresar a empezar no significaba haber fracasado.
Y cuando nació mi hija Valentina, la sostuvo entre sus brazos durante casi una hora.
—Esta niña va a necesitar muchas cosas, Mariana, pero sobre todo necesita una mamá que nunca le haga sentir que estorba.
Nunca olvidé aquellas palabras.
Después del divorcio, renté un departamento pequeño cerca de mi trabajo.
Era diseñadora de interiores en un despacho y apenas alcanzaba para pagar la renta, la guardería y los gastos de Valentina.
Mi madre, Teresa, consideraba que esa vida era una vergüenza.
—Con todo lo que invertimos en tu educación, terminaste viviendo como estudiante —me repetía.
