Después salió sin despedirse.
Fernanda se volvió hacia mí con los ojos llenos de odio.
—¡Acabas de destruir mi matrimonio!
Me marché antes de seguir escuchándola.
Al día siguiente, mi padre llamó al director general de mi empresa asegurando que yo había robado una herencia familiar y que sufría problemas emocionales. Intentaron suspenderme mientras investigaban.
Por fortuna, Gabriela pudo presentar los documentos sucesorios y las alertas bancarias. Mi empresa comprobó que las acusaciones carecían de fundamento.
Esa misma tarde encontré las cuatro llantas de mi automóvil dañadas en el estacionamiento.
Las cámaras de seguridad mostraron a Fernanda acercándose al vehículo.
Presenté la denuncia correspondiente.
Pensé que aquello sería suficiente para detenerlos.
Me equivoqué.
A la mañana siguiente, Santiago me llamó desesperado.
—Mariana, alguien solicitó un préstamo de seis millones de pesos a mi nombre. Usaron los datos fiscales de mi consultorio y una firma que no reconozco.
Sentí un escalofrío.
Mi padre necesitaba exactamente esa cantidad para completar la compra de la residencia.
Gabriela nos acompañó a solicitar el bloqueo preventivo del financiamiento y copias de los documentos utilizados.
Pero mientras intentábamos proteger a Santiago, mi madre comenzó una transmisión en Facebook.
Entre lágrimas aseguró que yo había dejado sin hogar a mi hermana embarazada.
En pocas horas, familiares y conocidos comenzaron a insultarme.
Entonces recordé algo que mi madre desconocía.
Cinco años atrás, cuando mi padre estaba al borde de la quiebra, había comprado mediante una sociedad el departamento donde mis padres vivían.
Ellos lo rentaban por una cantidad simbólica, sin saber que yo controlaba la empresa propietaria.
El contrato estaba por vencer.
Después de consultar con Gabriela, decidí no renovarlo y envié la notificación correspondiente.
Mi madre recibió la noticia durante una comida con sus amigas del club de golf.
Aquella tarde Fernanda apareció furiosa frente a mi casa.
—¡Abre, maldita egoísta! ¡No puedes quitarles su hogar a nuestros padres!
Yo permanecí dentro.
