Conseguí una copia certificada de mi resolución militar y la presenté por las vías legales.
También hablé con Gabriel Ríos, el soldado al que había defendido.
Ahora era paramédico y tenía una familia.
—Mi capitana —me dijo cuando escuchó mi voz—.
Dígame qué necesita.
Le expliqué que Beltrán había reaparecido.
Su respuesta fue inmediata.
—Si puedo ayudar con información verdadera sobre aquel caso, cuente conmigo.
Pocos días después, el tribunal tuvo a la vista la resolución completa que desmentía las acusaciones contra mí.
La estrategia de desacreditarme comenzó a derrumbarse.
Esa misma noche Rodrigo apareció frente a mi departamento.
Llovía.
Tenía los ojos rojos y parecía no haber dormido.
No lo dejé entrar.
Hablamos desde la puerta, con la cadena de seguridad puesta.
