Me llamaron un padre violento por romperle la muñeca al quarterback durante el baile de graduación. Nadie mencionó que lo encontré acercando un encendedor a mi hija, empapada en gasolina. Su padre, el director, me dijo: “Podemos arreglarlo sin escándalos”. No discutí. Busqué el reglamento que él mismo había firmado y una grabación de 11 minutos que podía hundirlo todo.

—¿Y la investigación penal?

—Podemos hablar con las personas adecuadas.

Saqué tres sobres y los coloqué sobre su escritorio.

—Octavio, usted sigue pensando que esto se arregla con dinero y conocidos.

Abrí el primero.

—Aquí está el acuse de nuestra denuncia. Incluye la grabación donde su hijo amenaza a Sofía y donde usted intenta influir en el reporte policial.

Abrí el segundo.

—Aquí están los documentos del patronato y la comunicación de la aseguradora. El consejo ya conoce el riesgo económico de sus decisiones.

Octavio tragó saliva.

Después abrí el tercero.

Contenía una copia del artículo 9.4 y el formato correspondiente para registrar la separación preventiva de un alumno e iniciar el procedimiento de baja definitiva.

Había escrito el nombre completo:

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