Acepté limpiar por una hora la casa de una millonaria porque mi esposo casi no me dejaba dinero para comer. Al mover una caja de música, esta cayó y dejó al descubierto varias fotografías suyas de niño. “Señora, ¿por qué tiene fotos de mi marido?”, pregunté tranquilamente. Ella empezó a llorar y me pidió que no le dijera nada. Días después, descubrí unos documentos por 165 mil pesos a mi nombre…

Mientras recogía la mesa, escuché vibrar un teléfono dentro de su chamarra.

No era el celular que usaba normalmente.

En la pantalla apareció el mensaje de una mujer:

«Amor, ya falta poquito. En cuanto tu mamá firme los papeles, todo será nuestro. ¿Cuándo vas a deshacerte de tu esposa?»

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Mi marido no solo me había mentido sobre su madre. Estaba preparando algo mucho peor.

PARTE 2

Durante casi una hora permanecí sentada en la cocina, leyendo los mensajes del segundo teléfono de Iván.

La mujer se llamaba Sofía.

Llevaban más de un año escribiéndose. Él le decía las mismas palabras cariñosas que me decía a mí, le prometía una casa y hablaba constantemente de una fortuna que pronto estaría en sus manos.

Lo más doloroso fue descubrir que muchos de sus supuestos viajes de trabajo eran mentiras. Mientras yo limpiaba casas para pagar la renta, mi esposo se hospedaba con otra mujer.

No lo enfrenté.

Guardé el teléfono donde lo había encontrado y esperé.

Una semana después, doña Rebeca me llamó para ofrecerme otra jornada de limpieza. Acepté porque necesitaba dinero, pero también porque quería entender qué estaba ocurriendo.

Cuando llegué, ella estaba acompañada de una joven rubia, vestida con un elegante traje color crema.

—Daniela, te presento a Sofía, mi asistente personal. Lleva un año trabajando conmigo y es como una hija para mí.

La muchacha me examinó de pies a cabeza.

—Ten mucho cuidado con los muebles. Hay cámaras por todas partes y no queremos que desaparezca nada.

Sentí un escalofrío.

Aquella voz, con su peculiar manera de alargar las palabras, era exactamente la que había escuchado en los mensajes de voz del teléfono de Iván.

La amante de mi marido era la asistente de su propia madre.

Continué limpiando mientras ambas trabajaban en el despacho. Al pasar cerca de la puerta entreabierta, escuché a Sofía hablando por teléfono.

Advertiserment

—Iván, deja de desesperarte. Tu mamá firmará el jueves. Ya preparé el poder para manejar la empresa y los documentos para transferirme la casa. Cree que son trámites fiscales. Después vendemos lo que podamos y nos repartimos todo.

Me quedé inmóvil.

—No, tu esposa no sospecha nada —añadió entre risas—. Esa pobre mujer está demasiado ocupada limpiando casas.

Tuve que apoyarme contra la pared para no caerme.

Cuando Sofía se marchó, le conté todo a doña Rebeca.

Al principio no quiso creerme.

—Sofía estuvo conmigo cuando me hospitalizaron por la presión. Me ayudó a descubrir un fraude de proveedores. No puede ser capaz de algo semejante.

Le pedí que revisara los documentos que pensaba firmar.

Los sacó de su portafolio.

Diez minutos después, su expresión había cambiado por completo.

Continúa en la página siguiente.➡️