—El tercer día publicó otra fotografía.
Sobre la mesa estaba el reloj que te regalé cuando firmamos nuestro primer contrato internacional.
Miré mi muñeca.
Todavía llevaba ese reloj.
En la parte posterior tenía grabada una frase:
“Por todo el tiempo que todavía nos queda”.
—El cuarto día me operaron.
Antes de entrar al quirófano pregunté 3 veces si habías llamado.
Valeria respiró profundamente.
—La cirugía salió bien.
Pero cuando desperté, la primera persona que vi fue mi hermana Mariana.
Me levanté de la cama.
Abrí la quinta caja por completo.
Debajo de la fotografía había una pulsera hospitalaria, el informe de alta y una hoja doblada.
Era un documento del hospital que indicaba que Valeria había autorizado a Mariana como su contacto de emergencia.
El espacio donde antes figuraba mi nombre estaba tachado.
—El quinto día regresé a casa con Mariana.
Apenas podía caminar sin ayuda.
Recordé dónde estaba yo aquella noche.
Había llevado a Renata a cenar a un restaurante con vista al Coliseo.
—El sexto día comencé a empacar mis cosas.
La voz de Valeria tembló.
—Y el séptimo entendí que no quería seguir viviendo en una casa donde tenía que suplicar para que mi esposo me escuchara.
Abrí la sexta caja.
Había documentos bancarios, inventarios de bienes y una solicitud de divorcio preparada por su abogada.
Valeria no había pedido quedarse con toda mi fortuna.
Había solicitado una distribución justa de los bienes conforme al régimen matrimonial, además de que se reconociera su participación en el desarrollo de la empresa.
Por primera vez, comprendí que su nombre había desaparecido de nuestras campañas, pero no de nuestra historia.
Tomé el teléfono y marqué su número.
La llamada no entró.
Marqué a Mariana.
—Necesito hablar con tu hermana.
—¿Para qué, Gabriel?
—No sabía que estaba enferma.
Hubo un silencio.
—Te pidió que te quedaras.
—No me explicó lo que tenía.
—¿Y le preguntaste?
No pude responder.
Mariana respiró profundamente.
—La noche anterior a la cirugía me preguntó si debía volver a buscarte.
Le dije que tenía derecho a pedirte ayuda.
—¿Y qué pasó?
—Me dijo que estaba cansada de sentirse una molestia en su propio matrimonio.
La llamada terminó.
Quedaba una caja.
La séptima.
La abrí esperando encontrar alguna fotografía, una carta o un objeto que pudiera explicarme cómo reparar todo aquello.
Estaba vacía.
En el video, Valeria volvió a hablar.
—Esta caja representa lo único que ya no pude llevarme.
