—Sé quién eres, Mariana.
—Entonces también sabes por qué te busco.
—Lo imagino.
Abrió la carpeta.
Había copias de transferencias, nombres de sociedades y registros que llevaba años reuniendo.
—Mi madre siempre me dijo que Roberto pagaba para mantenerse lejos de nosotros. Cuando estudié contabilidad, descubrí que parte de ese dinero procedía de empresas relacionadas con nuestro abuelo.
Lo observé sorprendida.
—¿Por qué nunca lo denunciaste?
—Porque necesitaba pruebas suficientes. Y porque no quería destruir la vida que mi madre había conseguido construir.
Se quedó mirando su taza.
—Yo también pasé muchos años esperando que Roberto me reconociera. Pero un día entendí que tener un padre biológico no significa tener un papá.
Aquellas palabras me atravesaron.
Diego aceptó entregar la documentación a la Fiscalía mediante los procedimientos correspondientes.
Lo que empezó como nuestra primera conversación terminó convirtiéndose en el inicio de una relación que ninguno de los dos esperaba encontrar.
Sin embargo, mi padre descubrió que habíamos hablado.
Aquella misma semana apareció frente a mi casa cuando regresaba del trabajo.
Su traje estaba arrugado. Tenía ojeras profundas y había perdido su habitual expresión de superioridad.
—Ya sé que encontraste a Diego —dijo.
No respondí.
—No tienes idea de lo que estás provocando. Voy a terminar en la cárcel por tu culpa.
—No, papá. Vas a responder por tus propias decisiones.
Entonces se acercó.
—Todavía podemos arreglar esto. Necesito cuatro millones de pesos. Tú los transfieres y yo desaparezco. No volverás a saber de mí.
—No voy a darte nada.
Su rostro cambió.
—Entonces voy a destruir a Santiago.
Sentí que se me helaba la sangre.
—¿De qué estás hablando?
Sonrió.
—Presenté una denuncia diciendo que maltrata a su hijo. También envié acusaciones a las autoridades relacionadas con su profesión. Si no me ayudas, voy a asegurarme de que pierda a Mateo y su clínica.
Lo miré horrorizada.
Mi padre estaba dispuesto a utilizar a su propio nieto como herramienta de chantaje.
—¿Inventaste una acusación contra Santiago?
—Puedo retirarla cuando reciba el dinero.
Metí la mano en mi bolsa.
—Acabas de cometer otro error.
Saqué mi teléfono.
Había activado la grabación antes de iniciar la conversación, cuando vi que me esperaba frente a la entrada.
Mi padre dio un paso atrás.
—No puedes usar eso contra mí.
—Gabriela decidirá cómo presentarlo ante las autoridades. Y Santiago sabrá exactamente lo que acabas de hacer.
