Daniel la abrazó.
Durante unos segundos, Teresa volvió a sentir que sostenía al niño que lloraba porque extrañaba a su padre.
Esta vez, sin embargo, comprendió que no podía protegerlo de todas las consecuencias.
Y tampoco debía hacerlo.
En las semanas siguientes, Daniel comenzó a visitar a su madre.
Al principio solamente tomaban café.
Después recuperaron algunas comidas de los domingos.
Nunca volvieron a hablar de dinero como si fuera una obligación de Teresa.
