“Solo puedes quedarte esta noche. Mañana tendrás que irte”, me dijo el millonario cuando me rescató de la lluvia helada en plena madrugada. No sabía que yo era la esposa de un político poderoso que me había maltratado durante 4 años. Pensaba marcharme en silencio, pero a la mañana siguiente descubrió que mi esposo ofrecía 50,000 pesos de recompensa por encontrarme…

  • Sofía apareció caminando lentamente hacia el portón.
  • Al verla, Víctor guardó el informe y recuperó aquella sonrisa dulce que ella conocía tan bien.
  • —Mi amor, por fin. Ven conmigo. Ya te perdoné.
  • Sofía se detuvo junto a su abogada, respiró profundamente y dijo:
  • —No necesito tu perdón, Víctor. Necesito que escuches lo que voy a decirte delante de todos.
  • El diputado dejó de sonreír.
  • Porque su esposa, que durante cuatro años apenas había sido capaz de contradecirlo, estaba a punto de enfrentarlo por primera vez.
  • PARTE 3
  • —Voy a divorciarme de ti, Víctor. Y esta vez no podrás convencerme de que todo fue culpa mía.
  • El silencio cayó sobre la entrada de la residencia.
  • Víctor Salgado miró a su esposa como si acabara de escuchar una broma.
  • Después soltó una carcajada.
  • —¿Divorciarte? ¿Con qué dinero, Sofía? ¿Dónde vas a vivir? ¿Quién va a contratarte? No tienes estudios importantes, no tienes familia y ni siquiera sabes administrar una cuenta bancaria.
  • Sofía sintió que aquellas palabras le atravesaban el pecho.
  • Eran las mismas que había escuchado durante cuatro años.
  • Sin embargo, esta vez no bajó la cabeza.
  • —Antes de conocerte trabajaba, pagaba mis gastos y era feliz. Puedo volver a hacerlo.
  • El diputado dejó de reír.
  • —Vas a regresar arrastrándote. Te doy una semana.
  • —Entonces vas a esperar sentado.
  • Víctor golpeó el portón con la palma de la mano.
  • —¡Soy tu marido! ¡Me debes respeto!
  • La licenciada Irene intervino inmediatamente.
  • —Señor Salgado, mi clienta ha solicitado medidas de protección. Cualquier amenaza adicional será documentada.
  • El diputado miró el teléfono que estaba grabando.
  • Por primera vez pareció comprender que sus palabras podían tener consecuencias.
  • —Esto no termina aquí —advirtió.
  • Antes de subir a su camioneta, señaló a Alejandro.
  • —Y tú acabarás arrepintiéndote de haberte metido en mi matrimonio.
  • Alejandro respondió tranquilamente:
  • —Quizá. Pero esta noche podré dormir sin avergonzarme de mí mismo.
  • Las camionetas desaparecieron por la carretera.
  • Sofía consiguió mantenerse firme hasta que dejaron de verse.
  • Después comenzó a temblar.
  • Doña Teresa la recibió dentro de la casa y la abrazó sin hacer preguntas.
  • —Ya pasó, hija.
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