“Solo puedes quedarte esta noche. Mañana tendrás que irte”, me dijo el millonario cuando me rescató de la lluvia helada en plena madrugada. No sabía que yo era la esposa de un político poderoso que me había maltratado durante 4 años. Pensaba marcharme en silencio, pero a la mañana siguiente descubrió que mi esposo ofrecía 50,000 pesos de recompensa por encontrarme…
—Si le dice a mi esposo dónde estoy, mañana apareceré muerta. Y todos van a creer que fue un accidente.
Aquellas palabras dejaron helado a Alejandro Mendoza, un empresario de 38 años que jamás imaginó escuchar semejante súplica dentro de su propia casa.
Todo había comenzado la noche anterior, cuando regresaba de una reunión de negocios en Toluca.
Alejandro era dueño de una constructora importante en el Estado de México. Tenía varios desarrollos inmobiliarios, más de doscientos empleados y suficiente dinero para no preocuparse por el futuro. Sin embargo, vivía solo.
Su prometida lo había abandonado tres semanas antes de la boda, y desde entonces había decidido que los negocios eran más confiables que el amor.
Aquella noche de enero, una lluvia helada golpeaba la carretera rumbo a Zinacantepec.
Cerca de las once, sus faros iluminaron una parada de autobús prácticamente abandonada.
Debajo del techo estaba una mujer joven.
Llevaba un vestido delgado, un abrigo abierto y unos zapatos completamente empapados. No tenía bolsa ni teléfono. Se sujetaba de un poste mientras temblaba.
Alejandro frenó.
—Señorita, ¿necesita que la lleve a algún lugar?
—No, gracias.
—A estas horas ya no pasan autobuses.
Ella permaneció callada.
Alejandro bajó del vehículo y notó algo inquietante. La muchacha tenía los labios morados y los ojos hinchados, como si llevara horas llorando.
—Mi casa está a diez minutos. Puede quedarse esta noche. Hay una señora que trabaja conmigo. Mañana la llevarán adonde usted quiera.