Mi madre gastó más de un millón de😥😥💖💕 pesos donados para la operación de mi hija en el banquete, los lujos y la luna de miel de mi hermano. “Es su boda, no seas egoísta”, me respondió cuando reclamé el dinero. Fui al salón con las pruebas, donde estaban reunidos muchos de los donantes. No levanté la voz, pero una sola pregunta hizo que la novia mirara a mi hermano con horror.
—¡La operación de tu hija puede esperar, pero la boda de tu hermano no! —me dijo mi madre por teléfono, mientras detrás de ella se escuchaban carcajadas, música y gente brindando.
Me llamo Catalina, tengo 34 años y jamás imaginé que tendría que elegir entre salvarle la vida a mi hija de seis años o proteger la reputación de mi propia familia.
Aquella mañana de sábado estaba en el pasillo de un hospital especializado en León. Llevaba cuatro noches durmiendo en una silla, con la misma ropa y apenas unas horas de descanso.
Mi hija Sofía estaba internada en cardiología pediátrica.
Había nacido con una malformación en el corazón que los médicos descubrieron demasiado tarde. En los últimos meses, caminar unos cuantos metros la dejaba sin aire. Sus labios se ponían morados y muchas veces tenía que cargarla hasta el baño.
El doctor Salgado había sido contundente:
—Catalina, necesitamos operarla cuanto antes. Cada mes que pase aumenta el riesgo de daño permanente.
La cirugía, los cuidados intensivos y la rehabilitación inicial costaban un millón 350 mil pesos en aquel hospital privado.
Yo trabajaba como educadora en un kínder y ganaba menos de 12 mil pesos mensuales. El padre de Sofía nos había abandonado poco después del diagnóstico. No tenía ahorros suficientes ni propiedades que pudiera vender.
Entonces mi madre, Graciela, apareció como nuestra salvadora.
—Yo voy a conseguir ese dinero, hija. Tú dedícate a cuidar a Sofi.
Organizó una colecta en nuestro pueblo. Abrió una página de Facebook, compartió fotografías de Sofía y recibió donativos en una cuenta bancaria a su nombre.