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Esperó hasta que se durmiera, tomó trescientos cuarenta pesos de su cartera y escapó por una puerta de servicio.
Dejó su teléfono porque Víctor había instalado una aplicación para rastrearla.
—Pensaba buscar a Lucía, pero no alcancé el último autobús.
Alejandro respiró profundamente.
—Conozco a una abogada especializada en violencia familiar. También a una doctora. Puedo pedirles que la atiendan, si usted está de acuerdo.
Sofía aceptó.
Ese mismo día, la licenciada Irene Robles llegó a la residencia.
Después de escucharla, explicó que necesitarían documentar las lesiones, solicitar medidas de protección y presentar una denuncia ante la Fiscalía.
La doctora Daniela confirmó un embarazo de seis semanas.
Durante el ultrasonido, Sofía escuchó por primera vez los latidos de su bebé.
Lloró en silencio.
Durante los dos días siguientes, completó sus revisiones médicas y presentó su denuncia acompañada por Irene.
Mientras tanto, Alejandro le ofreció alojarse temporalmente en una pequeña casa independiente dentro de su propiedad.
—Tendrá su propia entrada. Nadie entrará sin su permiso.
—No quiero cambiar a un hombre que decidía todo por mí por otro que haga lo mismo —respondió Sofía.
Alejandro le entregó la única llave.
—Precisamente por eso usted decide.
Pero la tranquilidad duró poco.
Al cuarto día, Víctor apareció frente al portón acompañado de dos guardaespaldas.
—Alejandro, no tenemos por qué pelear —dijo sonriendo—. Entrégame a mi esposa y los permisos de tu desarrollo estarán listos esta semana.
—Ella no es un objeto que pueda entregarse.
La sonrisa del diputado desapareció.
—Entonces prepárate para perder tus ochenta millones.
Irene, que acababa de llegar, activó la grabación de su teléfono.
Víctor continuó:
—Además, mi esposa no está bien de la cabeza. Tengo documentos que lo demuestran.
Sacó de su portafolio un supuesto informe psicológico que describía a Sofía como una mujer inestable, manipuladora y propensa a inventar agresiones.
El documento llevaba la firma de un especialista al que Sofía jamás había consultado.
Alejandro entendió entonces la magnitud de la trampa.
Víctor no quería simplemente recuperar a su esposa.
Quería desacreditarla antes de que un juez pudiera escucharla.
En ese instante, la puerta de la casa de huéspedes se abrió.
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