Se había detenido aquella noche de tormenta por culpa de un desconocido; a la mañana siguiente, un helicóptero aterrizó repentinamente frente a él.

A veces ni siquiera pensaba. Su cuerpo era más rápido que cualquier objeción racional. La mirada. La situación. El riesgo. La decisión. Todo en segundos.

Aparcó en el lado derecho, se puso el chaleco reflectante, cogió el impermeable y salió del coche.

El viento le golpeó como una bofetada.

Tras solo dos pasos, sus pantalones estaban mojados. La lluvia