Pagué el taxi de una joven embarazada a💖 la que varios conductores habían rechazado por ser pobre. “Es para visitar a mi mamá, se lo devolveré”, me prometió llorando. Le dije que no hacía falta y regresé a casa con mi perro. Pero al día siguiente la encontré limpiando la tumba de la única mujer que había amado… y cuando me dijo su edad, recordé la última mentira de mi padre.

  • Dentro del sobre había tres cartas, una fotografía de un recién nacido y una hoja firmada por Arturo Mendoza.
  • Andrés reconoció la firma de su padre inmediatamente.
  • Pero lo que estaba escrito debajo le provocó una sensación que jamás había experimentado, ni siquiera durante las operaciones más difíciles de su carrera.
  • «Me comprometo a cubrir los gastos de alojamiento de Elena Castillo durante seis meses, con la condición de que no vuelva a buscar a mi hijo Andrés Mendoza ni se comunique con él por ningún medio».
  • Andrés leyó aquellas palabras tres veces.
  • —¿Mi padre hizo que Elena firmara esto?
  • Rosa negó lentamente.
  • —Ella nunca aceptó esas condiciones. Su padre le dejó el dinero de todos modos, pero Elena intentó devolvérselo.
  • —¿Entonces por qué desapareció?
  • Rosa tomó aire antes de responder.
  • —Porque su padre le dijo que usted había decidido terminar la relación. Le aseguró que usted estaba avergonzado de ella y que no quería que un embarazo arruinara su carrera.
  • Andrés cerró los ojos.
  • Recordó a Elena abrazándolo aquella última semana que vivieron juntos.
  • Recordó sus planes de rentar un departamento, casarse por el civil y comenzar una vida sencilla.
  • Recordó también las palabras de su padre cuando Alicia estaba hospitalizada.
  • «Hay muchas mujeres, hijo. Pero madre solo tienes una».
  • —Yo jamás le habría dicho algo así —murmuró.
  • —Lo sé ahora —respondió Rosa—. Pero Elena no tenía manera de comprobarlo.
  • La mujer sacó una segunda carta.
  • Estaba fechada cuatro meses después de la separación.
  • El papel tenía manchas de humedad y estaba doblado cuidadosamente.
  • Andrés comenzó a leer.
  • «Andrés, no sé qué te dijeron de mí. Estoy esperando un bebé y estoy segura de que es tuyo. No quiero dinero ni quiero obligarte a estar conmigo. Solo necesito saber si realmente decidiste olvidarnos. Si todavía me quieres, ven a buscarme. No permitiré que nadie nos separe otra vez».
  • La carta terminaba con una dirección y una frase que le destrozó el corazón.
  • «Si nuestro bebé hereda tus ojos, prometo contarle que alguna vez fuimos muy felices».
  • Andrés se cubrió el rostro.
  • Durante veinticuatro años había imaginado que Elena lo abandonó por otro hombre.
  • Había sentido rabia, tristeza y hasta vergüenza de seguir recordándola.
  • Ahora descubría que ella había estado esperándolo.
  • —Nunca recibí esta carta —dijo con dificultad.
  • —Su padre tampoco permitió que la recibiera. Elena entregó una copia en casa de sus padres y guardó esta conmigo. Una semana después, un mensajero nos llevó una respuesta.
  • Rosa le mostró otra hoja.
  • «Andrés conoce el embarazo. No desea asumir ninguna responsabilidad. Les pedimos respetar su decisión y no volver a buscarlo».
  • Debajo aparecía la firma de Arturo Mendoza.
  • Sofía, que había permanecido en silencio, comenzó a llorar.
  • —Entonces mi mamá no me mintió cuando decía que mi papá había sido un buen hombre.
  • Andrés levantó la mirada.
  • —¿Ella te hablaba de mí?
  • —Recuerdo muy poco —respondió Sofía—. Pero mi tía dice que, cuando yo preguntaba por mi papá, mamá nunca me decía que me había abandonado. Solo repetía que había gente que no quería vernos juntos.
  • Rosa asintió.
  • —Elena nunca consiguió odiarlo. Decía que el muchacho que había conocido no era capaz de darle la espalda a su propio hijo.
  • Andrés comenzó a llorar.
  • No eran lágrimas discretas.
  • Lloraba como un hombre que acababa de descubrir que le habían robado los mejores años de su vida.
  • Pero Rosa todavía no había terminado.
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