Para mis 70 años pagué casi 150,000 pesos para reunir a toda mi familia, pero escuché a mi nuera decirle a mi hijo: “Tu madre es una viuda sola, que duerma en el suelo”. Él se rio. Yo no discutí, le dejé la recámara principal y serví la cena. A la mañana siguiente, mi abogada apareció con una carpeta que llevaba 6 meses preparando en silencio…
Elena Mendoza escuchó aquellas palabras detrás de la puerta de cristal de la terraza.
Todavía tenía el cabello húmedo después de nadar en la alberca de la casa que había rentado para celebrar sus 70 años.
Lo que más le dolió no fue la voz de su nuera, sino la risa de su propio hijo.
—No te preocupes, Mariana —respondió Daniel—.
Mi mamá ya se acostumbró a cualquier cosa desde que murió papá.
Elena apretó la toalla contra su pecho.
Había pagado 58,000 pesos por una casa frente al mar en Puerto Morelos, Quintana Roo.
También había cubierto los alimentos, las flores y una cena especial para toda la familia.
En total, el festejo le costaría cerca de 150,000 pesos.
Había invitado a Daniel, a Mariana y a los padres de esta, Roberto y Lucía Salcedo.
La habitación principal tenía una terraza privada, vista al Caribe y una tina que Elena había elegido especialmente porque el agua caliente aliviaba sus rodillas.
Pero Mariana ya había instalado allí sus maletas.
Elena entró por la cocina fingiendo no haber escuchado nada.
—Mamá, qué bueno que llegaste —dijo Daniel—.
Mariana y yo nos quedamos con la habitación principal.