—¿La abuela autorizó la venta?
Nadie respondió.
Entonces Patricia se acercó.
—Escúchame bien.
Si le cuentas esto y le provocas una crisis cardiaca, cargarás con su muerte toda tu vida.
Santiago salió sin contestar.
No durmió aquella noche.
A las 7 de la mañana siguiente, entró en la habitación de Elena.
Le contó todo.
El piano desaparecido.
Los 1,850,000 pesos.
El automóvil.
La amenaza de su madre.
Elena escuchó sin interrumpirlo.
Después pidió su teléfono.
Buscó un contacto y marcó.
—Licenciado Salazar, soy Elena Mendoza.
Necesito que prepare los documentos.
Santiago levantó la mirada.
Su abuela continuó:
—El domingo será el cumpleaños de Patricia.
Quiero que esté presente cuando les explique lo que hicieron.
Una pausa.
—Sí, licenciado.
Ha llegado el momento de que conozcan a mi abogado.
Cuando terminó la llamada, Elena abrió lentamente el cajón de su mesa.
Sacó una pequeña llave plateada.
—Santiago, hay algo que tu padre lleva años intentando quitarme.
Y el piano solamente fue el principio.
Parte 2: Santiago sostuvo la llave sin comprender.
—¿Qué es esto, abuela?
—La llave de una caja que guardo desde hace 8 años.
El licenciado Salazar te explicará dónde encontrarla.
—¿Qué contiene?
Elena lo observó fijamente.
—La razón por la que tu padre está tan interesado en declararme incapaz.
Santiago sintió un escalofrío.
Aquella misma tarde acudió al despacho de Arturo Salazar, un abogado de 64 años que llevaba décadas atendiendo los asuntos patrimoniales de Elena.
Sobre el escritorio había una carpeta azul.
—Antes de enseñarte esto, necesito preguntarte algo —dijo Arturo—. ¿Quién crees que es dueño de la casa de Juriquilla?
—Mi padre.
Siempre ha dicho que mi abuela se la regaló cuando murió mi abuelo.
Arturo abrió la carpeta.
Le mostró una copia reciente del folio del Registro Público de la Propiedad.
Santiago leyó el nombre de la propietaria.
Elena Mendoza.
—¿Entonces nunca se la regaló?
—Nunca.
Tu abuela les permitió vivir allí.
También ha pagado el predial y varios servicios durante años.
—Pero mi padre organiza reuniones empresariales en esa casa.
Incluso dice que forma parte de su patrimonio.
—Eso podría traerle problemas si lo ha declarado formalmente como suyo.
