PARTE 1
El día de mi cumpleaños número treinta y cuatro descubrí a mi prometido vestido de novio… pero la mujer que llevaba velo no era yo.
Mauricio me había dicho esa mañana que tenía una sesión corporativa de último minuto en Polanco y que no podía faltar. No discutí. Después de seis años juntos conocía sus horarios casi mejor que él.
Salí de una pastelería de la colonia Roma cargando el pequeño pastel de limón que había encargado para mí. Crema blanca, letras azules y una sola frase: “Feliz cumpleaños, Mariana”.
Faltaban dos calles para llegar a casa cuando vi seis camionetas blancas estacionadas frente a un hotel boutique. Todas estaban decoradas con flores y listones.
Al principio pensé que era una boda cualquiera.
Hasta que vi al hombre inclinado sobre la puerta de la primera camioneta, acomodando cuidadosamente el velo de una mujer.
Reconocí el traje.
Yo misma había acompañado a Mauricio a comprarlo ocho meses antes para nuestra boda de diciembre.
Mauricio levantó la cabeza.
Nos miramos desde lados opuestos de la calle.
Llevaba una flor blanca en el saco.
A su lado estaba Valeria Montes, una influencer con más de un millón de seguidores que llevaba meses intentando recuperar su imagen después de un escándalo publicitario.
La madre de Mauricio, Teresa, corrió hacia mí.
—Mariana, vete a casa. Esto es trabajo.
—¿Trabajo?
—Es una campaña. Todo está preparado para las cámaras. No hagas un escándalo frente a los patrocinadores.
Detrás de ella había fotógrafos, luces, meseros, arreglos florales y un pastel de cinco pisos.
Entonces vi algo en el parabrisas de una de las camionetas.
Un código de certificación.
EVO-19.
