Ve con tu papá a la cocina.
Elena levantó la mirada.
—No me está molestando.
De hecho, estaba disfrutando nuestra conversación.
Cuando llegó el momento de cenar, la madre de Daniel señaló los platos desechables.
—Hijo, pueden servirse por allá.
Pero Elena intervino.
—¿Por qué no se sientan aquí?
Me gustaría seguir hablando con Valentina.
—No tenemos más sillas —respondió Mariana.
Daniel miró hacia la cochera.
—Hay 8 sillas plegables junto al congelador.
Héctor se levantó inmediatamente.
—Entonces traeré 2.
El padre de Daniel no hizo ningún intento por detenerlo.
Minutos después, Valentina estaba sentada junto a Elena, en el comedor principal.
Daniel ocupó la silla contigua.
La niña lo miró y sonrió discretamente.
—Me cumpliste, papá.
Aquellas 3 palabras casi lo hicieron llorar.
Durante la comida, Elena escuchó con interés las explicaciones de Valentina sobre mariposas nocturnas.
Rodrigo descubrió que ambos compartían interés por los insectos y le preguntó por sus dibujos.
La conversación transcurrió con tranquilidad hasta el postre.
Alguien dejó caer una cuchara.
Rodrigo se rio demasiado fuerte y varias personas comenzaron a hablar simultáneamente.
Valentina se cubrió los oídos.
Sus manos empezaron a moverse rápidamente mientras intentaba tranquilizarse.
Daniel buscó sus audífonos.
Entonces Mariana alzó la voz.
—¡Ya empezó!
Daniel, ¿puedes llevártela a la cocina?
Precisamente por eso dijimos que no debía sentarse aquí.
El silencio fue inmediato.
Valentina bajó la cabeza.
Elena miró a Mariana.
—¿Precisamente por eso?
—No lo digo por maldad.
Es que la niña es autista y a veces resulta incómodo para los invitados.
Daniel colocó los audífonos sobre las orejas de Valentina.
—Mi hija no es una incomodidad —respondió.
—No exageres —replicó Mariana—.
Siempre haces que todo gire alrededor de ella.
Daniel se levantó.
—Tienes razón en algo.
Hoy hay cosas que todos deberían conocer.
Tomó la carpeta azul.
Su padre palideció.
—Daniel, no es necesario.
—Sí, papá.
Es necesario.
