—También escuché lo que hablaron sobre la casa.
Su madre dejó escapar un sollozo.
—Mariana dijo que era lo justo…
—¿Justo para quién?
Yo pagué para que ustedes no perdieran esa vivienda.
—Tu hermana está muy presionada con la boda.
—Entonces que pague su boda con su dinero.
No con el de Valentina.
Daniel respiró profundamente.
—Nos veremos en Navidad.
—¿Vas a venir?
—Sí.
Pero esta vez no voy a cocinar, ni a servir, ni a firmar nada.
Antes de colgar, añadió:
—Y mi hija se sentará conmigo en la mesa grande.
La mañana de Navidad, Daniel preparó una caja de galletas decoradas por Valentina.
También guardó una carpeta azul con los documentos que Verónica había reunido.
Cuando llegaron a la casa, su madre abrió la puerta con una sonrisa nerviosa.
Daniel entró y observó el comedor.
Había 6 lugares preparados con manteles elegantes, copas y platos de porcelana.
En la cocina esperaban 2 platos desechables.
Valentina apretó la mano de su padre.
—Papá, ¿otra vez vamos a comer aquí?
Daniel estaba por responder cuando Mariana apareció junto a su prometido.
Sonrió para que todos la escucharan.
—¡Qué bueno que vinieron!
Les preparamos un lugar tranquilo en la cocina.
Entonces señaló discretamente la carpeta azul.
Su sonrisa desapareció.
—Daniel… ¿qué trajiste ahí?
Parte 3
Daniel sostuvo la carpeta contra su pecho.
—Algunas cosas que necesitamos aclarar.
—Hoy no —susurró Mariana—.
No vas a arruinar mi Navidad.
—No vine a discutir contigo.
En la sala estaban Rodrigo, su prometido, y sus padres, Héctor y Elena Villarreal.
Habían viajado desde Monterrey para conocer mejor a la familia de Mariana antes de la boda.
Elena llevaba un vestido color crema y un pequeño broche dorado con forma de mariposa nocturna.
Valentina lo observó fascinada.
—Señora, ¿esa mariposa es una polilla cecropia?
Elena sonrió.
—Sí. ¿Cómo lo sabes?
—Por las alas.
Aunque los colores son diferentes.
—Mi hermano la hizo hace muchos años.
Era joyero.
Valentina abrió su cuaderno y le mostró algunos dibujos.
Elena se inclinó para observarlos.
—¡Qué maravilla! ¿Tú hiciste todos estos?
La niña asintió.
Por primera vez aquella tarde, parecía completamente cómoda.
Mariana interrumpió rápidamente.
—Valentina, deja de molestar a la señora.
