Mi madre gastó más de un millón de😥😥💖💕 pesos donados para la operación de mi hija en el banquete, los lujos y la luna de miel de mi hermano. “Es su boda, no seas egoísta”, me respondió cuando reclamé el dinero. Fui al salón con las pruebas, donde estaban reunidos muchos de los donantes. No levanté la voz, pero una sola pregunta hizo que la novia mirara a mi hermano con horror.
Mostré en mi teléfono el correo del hospital donde confirmaban que la cirugía perdería su fecha si no llegaba el pago antes del martes.
Mi madre subió apresuradamente al escenario.
—¡No le hagan caso! ¡Mi hija está muy alterada por la enfermedad de la niña!
—Entonces enséñanos la transferencia, Graciela —intervino una voz femenina.
Era Teresa, la madre de Fernanda.
Se levantó lentamente y caminó hacia nosotros.
—Mi esposo y yo donamos 100 mil pesos. Quiero saber si llegaron al hospital.
Mi madre empezó a sudar.
—Teresa, tú sabes cómo son los bancos…
—No te pregunté por los bancos. Te pregunté por el dinero.
El silencio era insoportable.
Finalmente mi madre bajó la cabeza.
—Tuvimos que utilizar una parte, pero pensábamos devolverla.
Sentí que me faltaba el aire.
—¿Cuánto utilizaste?
—Catalina, por favor…
—¿CUÁNTO, MAMÁ?
Mi madre cerró los ojos.
—Un millón 50 mil pesos.
Un murmullo de indignación recorrió el salón.
De los donativos destinados al corazón de Sofía, sólo quedaban 360 mil pesos.
—¿En qué gastaste más de un millón de pesos? —pregunté.
Mi madre señaló el salón decorado con flores, las mesas elegantes y las luces.
—En esta boda. También ayudé a Diego con unas deudas. Pensábamos recuperar el dinero con los regalos de los invitados y después conseguir lo que faltara.
La miré sin poder creerlo.
—¿Utilizaste el dinero de la operación de mi hija para pagar una fiesta?
—¡Era la boda de tu hermano! ¡No podía permitir que la familia de Fernanda pensara que somos unos muertos de hambre!
Entonces Teresa dio un paso atrás, horrorizada.
—Graciela, nosotros jamás exigimos lujos. Sólo acordamos repartir los gastos. Pudiste decirnos que no tenías dinero.
Mi madre empezó a llorar.
—Ustedes no entienden lo que significa que tu hijo se case con una familia importante.
Fernanda, todavía vestida de novia, se acercó a Diego.
—Dime que tú no sabías esto.
Mi hermano miró al suelo.
—Fer, podemos hablarlo después…
—No. Quiero saberlo ahora. ¿Sabías que estaban usando los donativos de una niña enferma?
—Mi mamá dijo que Sofía podía esperar una operación por el Seguro Social…
Fernanda se llevó una mano a la boca.
Yo sentí que algo dentro de mí terminaba de romperse.
—Tú sabías que el hospital esperaba el pago —le dije—. Ayer me borraste del grupo para que nadie se enterara.
Diego intentó defenderse:
—¡No iba a permitir que arruinaras mi boda por un malentendido!
En ese momento mi madre gritó desde el escenario:
—¡Ya basta! ¡Diego fue quien me convenció de tomar el dinero! ¡Él dijo que podíamos reponerlo después de la fiesta!