Ahora ya no sabía qué pensar.
—¿Tu madre también lo sabía?
Beatriz levantó el mentón.
—Los asuntos empresariales de nuestra familia no son tema para una muchacha que jamás ha trabajado en una compañía importante.
Tomás cerró el expediente.
—Señora Alcázar, el fideicomiso es titular de la participación mayoritaria.
La señora Montes tiene derechos como beneficiaria y recibirá el informe completo por los conductos correspondientes.
No necesita su permiso para conocerlo.
Beatriz abrió la boca, pero no respondió.
Entonces Renata se acercó.
—Sebastián, me dijiste que esa empresa era completamente tuya.
Él se volvió hacia ella.
—No es momento de discutir eso.
—También me dijiste que tu esposa no tenía nada.
No sentí satisfacción al verla desconcertada.
Su embarazo no tenía culpa de nuestras decisiones.
—Renata —le dije—, no voy a involucrar a tu bebé en esta disputa.
Sebastián tendrá que cumplir sus responsabilidades como padre.
Lo que yo decida sobre mi matrimonio y el patrimonio de mi abuelo es un asunto diferente.
Ella bajó la mirada.
Sebastián se acercó a mí y extendió una mano.
—Valeria, cariño, necesitamos hablar a solas.
Hacía casi 2 años que no me llamaba cariño.
—¿Ahora?
—Todo se salió de control.
Podemos arreglarlo.
—¿También puedes arreglar los 8 meses que llevas engañándome?
—Cometí errores.
—¿Y ordenar que me arrodillara frente a Renata fue otro error?
Miró alrededor con incomodidad.
