Vi cómo desaparecía el color de su rostro.
Aquella reacción confirmó que ambos sabían mucho más de lo que habían admitido.
—Querida —intervino Beatriz con una dulzura repentina—, sería mejor resolver esto en privado.
—¿Como cuando me pidieron arrodillarme?
No contestó.
En ese momento se abrieron las puertas del salón.
Un grupo de elementos de seguridad privada entró y despejó discretamente el pasillo central.
Sebastián sonrió.
—Por fin.
Saquen a mi esposa.
Está causando problemas.
Pero el jefe de seguridad permaneció inmóvil.
—Señor Alcázar, estamos acompañando a un invitado acreditado por los organizadores.
Detrás apareció un hombre de cabello plateado, traje gris y portafolio negro.
Lo reconocí por la fotografía de mi abuelo.
Tomás Villaseñor.
Sebastián se adelantó para estrecharle la mano.
—Don Tomás, qué sorpresa.
El hombre pasó de largo.
Se detuvo frente a mí.
—Valeria Montes.
Conocí a su abuelo durante 35 años.
Me pidió entregarle esta información cuando llegara el momento de que usted pudiera ejercer personalmente ciertos derechos.
Abrió su portafolio.
—¿Qué significa todo esto? —exigió Sebastián.
Tomás extrajo una carpeta.
—Significa que debemos aclarar una mentira que su familia ha mantenido durante años.
Dejó frente a mí un documento con sellos notariales y un esquema accionario.
—El Fideicomiso Patrimonial Montes es titular indirecto del 51% de las acciones con derecho a voto de Grupo Alcázar.
Sentí que el piso desaparecía bajo mis pies.
—¿El 51%?
—Así es.
Su abuelo aportó el capital que salvó a la empresa cuando estaba prácticamente quebrada.
A cambio recibió una participación mayoritaria que conservó hasta su fallecimiento.
Sebastián golpeó la mesa.
—¡Eso es absurdo! ¡Yo soy el dueño!
—Usted es director general y accionista minoritario —corrigió Tomás—.
Son cosas distintas.
Beatriz se sujetó del respaldo de una silla.
—Esto no puede divulgarse aquí.
Tomás la miró.
—Entonces debieron evitar convertir la vida privada de la beneficiaria en un espectáculo público.
Yo observaba los papeles sin poder hablar.
