“¡Ese niño no tiene derecho a estar aquí!”, gritó la novia de mi exesposo durante su lujosa boda. Después de diez años sin verlo, terminé trabajando como mesera en su celebración, acompañada de nuestro hijo, cuya existencia él desconocía. Guardé silencio y tomé al pequeño de la mano, hasta que el novio vio una marca idéntica a la suya…
—¿Cómo te llamas, campeón? —preguntó con voz temblorosa.
—Mateo, señor.
—¿Cuántos años tienes?
—Nueve.
En ese instante, Mariana apareció corriendo entre los invitados.
—¡Mateo! ¡Te dije que no salieras!
Alejandro levantó la mirada.
Sus ojos se encontraron después de casi diez años.
—¿Mariana?
Una copa cayó al suelo.
Mercedes acababa de reconocer al niño.
Y cuando Alejandro preguntó quién era su padre, Mariana comprendió que el secreto que había protegido durante nueve años estaba a punto de cambiar sus vidas para siempre.
PARTE 3
—Mariana, contéstame algo —dijo Alejandro, mirando alternativamente al niño y a su exesposa—. ¿Mateo es mi hijo?
El salón quedó en silencio.
Valeria, todavía esperando su beso frente a los fotógrafos, apretó los labios.