💖😱😥Despumes de tres años tratándome como sirvienta, mi marido llegó con su amante y gritó: “¡Que mi esposa suba sus maletas!”. Yo ya me había ido, dejando únicamente los documentos del divorcio. Cuando el administrador le dijo que no podía disponer de mi habitación ni de la casa como quisiera, él se enfureció. Entonces recibió una llamada urgente de su empresa.
Alejandro había intentado conseguir una reunión con aquella mujer durante años.
Nunca lo había logrado.
—Eso es imposible —murmuró.
Don Ernesto abrió el segundo sobre.
Dentro había una copia de un convenio firmado tres años atrás por el fallecido Ricardo Montenegro, padre de Alejandro.
—Su padre sabía quién era Mariana. El abuelo de ella aceptó financiar la recuperación de la empresa Montenegro bajo ciertas condiciones.
Alejandro comenzó a leer.
Tres años antes, su compañía estaba prácticamente quebrada. Los bancos habían cerrado sus líneas de crédito y los proveedores amenazaban con demandarla.
Entonces apareció un inversionista anónimo.
Ese inversionista había aportado capital, garantizado operaciones y abierto contratos que transformaron a Montenegro Construcciones en una empresa aparentemente exitosa.
—¿Mi padre sabía todo esto?
—Sí, señor.
—¿Y por qué nunca me lo dijo?
Don Ernesto guardó silencio un instante.
—Porque usted aceptó casarse con Mariana sin preguntar siquiera de dónde venía. Su padre le dijo que ella era una joven sin recursos a quien deseaba ayudar. Usted respondió que podía casarse con cualquiera mientras el negocio se salvara.
Alejandro recordó aquella conversación.
Su padre le había pedido que respetara a Mariana.
Que no la humillara.
Que jamás permitiera que su madre la tratara como empleada.
Él había prometido hacerlo.
Y había incumplido cada palabra.
—Pero Mariana pudo decirme la verdad —protestó.
—También pudo tratarla como persona sin saber cuánto dinero tenía.
Aquella respuesta lo dejó inmóvil.
Vanessa intentó acercarse.
—Amor, quizá todavía puedas arreglarlo…
En ese momento sonó el teléfono de Alejandro.
Era su director financiero.
—¡Licenciado, tenemos un problema gravísimo! Grupo Alcázar notificó que no renovará nuestros contratos y que revisará todas las operaciones pendientes. Los bancos están pidiendo garantías adicionales.
Alejandro palideció.
—¿Qué tan grave?
—Si no conseguimos financiamiento, no podremos cubrir los próximos vencimientos.