💖😱😥Despumes de tres años tratándome como sirvienta, mi marido llegó con su amante y gritó: “¡Que mi esposa suba sus maletas!”. Yo ya me había ido, dejando únicamente los documentos del divorcio. Cuando el administrador le dijo que no podía disponer de mi habitación ni de la casa como quisiera, él se enfureció. Entonces recibió una llamada urgente de su empresa.
—Que se canse. Cuando tenga hambre, regresará arrastrándose.
Durante tres años, Mariana había vivido como una extraña dentro de su propio matrimonio.
Mientras Alejandro ocupaba la recámara principal, ella dormía en una habitación pequeña junto al cuarto de lavado. Su suegra, Beatriz Montenegro, le exigía limpiar, cocinar y atender a los invitados.
Cuando Vanessa comenzó a visitar la casa, las humillaciones empeoraron.
Dos días antes del viaje, Alejandro había obligado a Mariana a empacar la ropa de su amante.
—Ten cuidado con mis vestidos —le advirtió Vanessa—. Uno solo cuesta más de lo que tú ganarías en diez años.
Mariana no contestó.
Únicamente dobló la última prenda, cerró la maleta y preguntó:
—¿Eso es todo?
—Por ahora —respondió Alejandro.
Él había confundido aquel silencio con sumisión.
Ahora, sentado en su lujosa sala, seguía convencido de que su esposa regresaría suplicando perdón.
—Ernesto, manda tirar sus cosas. Vanessa ocupará su habitación desde esta noche.
El administrador no se movió.
—Antes de hacerlo, señor, debo entregarle algo.
Sacó un sobre blanco de su saco.
—La señora Mariana dejó estos documentos para usted.
Alejandro los abrió con desprecio.
Eran documentos relacionados con su divorcio.
—¿Ahora quiere dinero? ¡Qué descarada!
Pero al llegar a la última página, dejó de sonreír.
Debajo de la firma aparecía un nombre que jamás había visto en los documentos personales de su esposa.
Mariana Alcázar de la Vega.
Alejandro reconoció inmediatamente aquel apellido.
Era el mismo que aparecía en los contratos más importantes de su empresa.
El mismo que su padre le había advertido que jamás debía desafiar.
Levantó lentamente la cabeza.
—Ernesto… ¿quién demonios es mi esposa?
El administrador lo miró con una tristeza que parecía llevar años acumulándose.
—Señor Alejandro, ¿de verdad estuvo casado tres años con una mujer sin siquiera saber quién era?
Y entonces sacó un segundo sobre.
—Hay algo más que usted necesita conocer. Algo que su padre le ocultó hasta el día de su muerte.
PARTE 2
—¡Contéstame de una vez! —gritó Alejandro, golpeando la mesa—. ¿Qué significa ese apellido?
Don Ernesto no retrocedió.
—Significa que la mujer a la que usted obligaba a lavar los platos es la heredera del Grupo Alcázar.
Vanessa dejó caer su bolso.
Alejandro sintió un vacío en el estómago.
El Grupo Alcázar era uno de los conglomerados privados más poderosos de México. Tenía inversiones inmobiliarias, industriales, financieras y logísticas en distintos estados del país.
Su presidenta casi nunca aparecía en fotografías.
Los medios económicos hablaban de ella como una empresaria reservada que había heredado la participación mayoritaria de su abuelo.