Regresé 14 días antes del trabajo y encontré a mi hijo de 8 años parado sobre una silla, cocinando para los hijos de otro hombre, con el brazo envuelto en cinta. Me miró aterrorizado y susurró: “Si la cena se tarda, duermo en la bodega”. No armé un escándalo. A la mañana siguiente encontré un viejo teléfono con 26 mensajes que jamás pudieron llegarme.

—Ya se fue, campeón.

—¿Para siempre?

No supe qué responder.

Le preparé un sándwich, pero apenas comió la mitad.

Después pidió dormir conmigo.

A la 1:20 de la madrugada llegó Verónica.

Se quedó inmóvil al encontrarme sentado en la cocina.

—Gabriel… ¿qué haces aquí?

—¿Quién es Rogelio?

Su expresión cambió.

—Un amigo que me ayuda mientras tú estás trabajando.

—¿Ayuda obligando a Mateo a cocinar para sus hijos?

—Estás exagerando.

—Tiene una quemadura cubierta con cinta adhesiva.

Verónica cruzó los brazos.

—Se agarró una olla caliente.

Ya sabes lo torpe que es.

Aquella palabra me dolió más que sus gritos.

Torpe.

Estaba hablando de nuestro hijo.

—Mañana lo llevaré al hospital.

—Haz lo que quieras.

Subió las escaleras sin preguntar siquiera cómo estaba Mateo.

A las 6 de la mañana, mientras buscaba los documentos médicos de mi hijo, encontré un celular viejo dentro del cajón de mi escritorio.

Era el teléfono que yo utilizaba antes de cambiar de equipo.

No tenía tarjeta SIM, pero todavía encendía.

En la pantalla había una aplicación de notas abierta.

El título decía:

PARA MI PAPÁ.

Debajo aparecían 26 entradas, numeradas por día.

La primera comenzaba:

Día 1.

Hola, papá.

Hoy Rogelio vino otra vez.

Mamá dice que tengo que obedecerlo.

Te extraño.

Seguí leyendo.

Día 8.

Me quitaron mis dinosaurios porque no terminé de lavar los platos.

Día 14.

Dormí en la bodega.

Había muchos mosquitos.

Me tapé la cabeza con tu chamarra.

Llegué a la última entrada.

Había sido escrita 2 noches antes de mi regreso.

Solo necesité leer las primeras líneas para sentir que las piernas me fallaban.

Porque Mateo no solamente había escrito quién le había quemado el brazo.

También había anotado lo que Rogelio y su madre planeaban hacer conmigo cuando regresara.

Parte 2: Día 26.

Papá, Rogelio me puso el brazo contra la olla caliente porque quemé la comida.

Mamá dijo que no te contara.

Ayer vino un señor a pegar un papel en la puerta.

Escuché que van a quitarnos la casa.

Rogelio dijo que cuando regreses tendrás que firmar unos papeles o nos vamos a quedar sin nada.

Mamá dice que todo es culpa tuya porque no mandas suficiente dinero.

Tengo miedo.

Por favor, ven por mí.

Leí aquellas palabras 4 veces.

Después me senté en el piso, incapaz de mantenerme de pie.

Continúa en la página siguiente.➡️