Para mis 70 años pagué casi 150,000 pesos para reunir a toda mi familia, pero escuché a mi nuera decirle a mi hijo: “Tu madre es una viuda sola, que duerma en el suelo”. Él se rio. Yo no discutí, le dejé la recámara principal y serví la cena. A la mañana siguiente, mi abogada apareció con una carpeta que llevaba 6 meses preparando en silencio…
Eran requerimientos de pago y copias de expedientes judiciales públicos relacionados con obligaciones financieras anteriores al matrimonio de Mariana.
Según la información reunida, existían adeudos que podrían superar 1,700,000 pesos.
—Eso no puede ser —murmuró Daniel—.
Me dijiste que habías liquidado todo cuando nos casamos.
Mariana apretó los labios.
—Las cosas se complicaron.
—¿Cuánto debes realmente?
Ella no respondió.
En ese momento sonó el celular de Patricia.
La abogada escuchó unos segundos y miró a Elena.
—Ya llegó la persona que estábamos esperando.
Mariana se levantó inmediatamente.
—No. ¡A él no lo van a meter en esto!
Todos voltearon hacia la entrada.
Un hombre de unos 45 años atravesó el jardín.
Lucía dejó escapar un grito ahogado.
—¡Andrés!
Era su hijo mayor.
Mariana llevaba 2 años diciendo que su hermano padecía problemas emocionales y que había decidido cortar cualquier contacto con la familia.
Pero Andrés se acercó con una carpeta bajo el brazo.
—Mamá, nunca dejé de buscarte.
Lucía comenzó a llorar.
—Mariana nos dijo que no querías volver a vernos.
Andrés miró a su hermana.
—Eso fue lo que te contó porque yo descubrí algo que no quería que supieran.
Abrió la carpeta y sacó un documento notarial.
—Hace 3 años, Mariana utilizó una propiedad de nuestros padres para conseguir dinero.
Roberto se puso de pie violentamente.
—¿Qué propiedad?
Andrés colocó frente a él una copia del expediente.
Era la casa donde Roberto y Lucía habían vivido durante 32 años.
Y, según los documentos, alguien había utilizado una firma atribuida a Roberto para tramitar una garantía hipotecaria.
Parte 3
Roberto recogió el documento con ambas manos.
—Yo nunca autoricé esto.
La carpeta contenía copias certificadas de una escritura, información registral y documentos relacionados con un crédito otorgado a una empresa vinculada con Mariana.
El inmueble era la casa familiar de los Salcedo, ubicada en una colonia residencial de Mérida.
Andrés señaló una página.
—Papá, cuando descubrí el gravamen intenté hablar contigo.
Mariana me aseguró que tú habías firmado y me acusó de querer quedarse con la propiedad.
Después bloqueó mis llamadas desde el teléfono de mamá.