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Daniel se quedó inmóvil.
—Mariana me dijo que mi mamá había pedido el sofá.
—Y tú le creíste sin preguntarme —contestó Elena.
Su hijo bajó la cabeza.
Patricia sacó una segunda carpeta.
—Durante los últimos 18 meses, la señora Elena transfirió 1,380,000 pesos a su hijo y a su nuera.
Revisamos únicamente documentación que ella tenía derecho a consultar, incluyendo sus propias transferencias y las explicaciones que recibió.
Daniel levantó la vista.
—¿Un millón trescientos ochenta mil?
—Sí —respondió su madre—.
Y sin contar el enganche de su casa.
Roberto miró a Mariana.
—¿Para qué necesitaban tanto dinero?
Patricia distribuyó copias de los mensajes.
Había solicitudes para reparaciones, tratamientos médicos, pagos escolares inexistentes y supuestas amenazas de embargo.
Aproximadamente 590,000 pesos tenían explicaciones respaldadas por documentos.
Los otros 790,000 presentaban inconsistencias.
Lucía se llevó una mano al pecho al descubrir el mensaje sobre su cirugía.
—Mariana, utilizaste mi nombre para pedir dinero.
—No fue exactamente así.
—¿Entonces cómo fue? ¡Dijiste que estaba enferma!
Daniel tomó el teléfono de su madre y leyó las conversaciones.
Sus manos comenzaron a temblar.
—¿También me mentiste a mí?
Mariana miró a Patricia con furia.
—Esto es una invasión de nuestra privacidad.
—No —contestó la abogada—.
Su suegra está revisando el destino de los recursos que ustedes le solicitaron.
Después colocó otros documentos sobre la mesa.
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