—La cena terminó. Quiero que se vayan.
Verónica abrió los ojos.
—¿Nos estás corriendo en Nochebuena? ¿Por ella?
—Por lo que ustedes hicieron. No vuelvan a culparla de las consecuencias de sus decisiones.
Graciela tomó su bolso.
—Si cruzo esa puerta, no vuelvas a buscarme.
La amenaza había funcionado durante toda la vida de Alejandro. Mariana lo vio luchar contra el impulso de pedir perdón.
Esta vez no lo hizo.
—No quiero perderte. Pero no voy a perseguirte cada vez que uses tu amor como castigo. Cuando estés dispuesta a respetar a Mariana y reconocer lo que hiciste, podremos hablar.
Antes de salir, Graciela miró a su nuera.
—Ganaste.
Mariana negó lentamente.
—Esto no era una competencia. Yo quería una familia.
Las dos mujeres salieron. Los tíos también se levantaron. Uno se acercó a Mariana.
