ntht/ Mi familia quería declararme incompetente para quedarse con una casa y 14 millones de pesos; mi propio nieto dijo: “Muérete antes de gastar nuestra herencia”. Yo sólo sonreí, vendí la propiedad y dejé una carta sobre su escritorio.

PARTE 2

—Ya hablé con su médico nuevo —continuó Mauricio—. Le he mencionado que Dolores confunde fechas, olvida pagos y toma decisiones impulsivas. Si seguimos sembrando dudas, después podremos pedir que alguien administre sus bienes.

—Pero mi mamá está perfectamente lúcida —susurró Verónica.

—Por ahora. Lo importante es crear antecedentes. Cuando entre a una residencia, obtendremos un poder y controlaremos todo.

—¿Cuánto dinero tiene realmente? —preguntó Emiliano.

Mauricio bajó la voz, pero alcancé a oírlo.

—Entre la casa, inversiones y lo que dejó tu abuelo, por lo menos 50 millones de pesos.

Casi me fallaron las piernas.

La verdad era muy distinta. Después de años pagando la hipoteca de Verónica, sus tarjetas, dos autos, vacaciones y la escuela privada de Emiliano, quedaban unos 14 millones, incluida mi casa. Nunca se los dije porque no quería que se sintieran culpables.

Ellos no sentían culpa. Sentían prisa.

—Con eso alcanza para todos —dijo Emiliano—. Yo sólo quiero mi camioneta.

—Primero hay que impedir que venda la casa, done dinero o conozca a algún hombre que la convenza de cambiar el testamento —respondió Mauricio—. Después de tu cumpleaños empezamos a presionarla.

Retrocedí en silencio, salí y me encerré en mi auto. Lloré durante cinco minutos. Después dejé de llorar.

Al día siguiente decidí probarlos.