Mi secretaria me convenció de que mi esposa me engañaba, así que la dejé y empecé una nueva vida con ella. Cinco años después, mi ex entró en mi hotel con dos gemelos que parecían hijos míos. “¡No permitas que te manipule!”, gritó mi pareja delante de los empleados. Yo solo pedí hablar en privado. Entonces mi ex sacó una vieja tarjeta del hotel y me reveló por qué había regresado precisamente ese día…

  • Rodrigo estaba por responder cuando recibió otra llamada.
  • Era Elisa.
  • Lloraba.
  • —Licenciado… perdóneme. Fui por unos jugos y cuando regresé, los niños habían desaparecido. Un señor dijo que usted lo había enviado. Mostró una credencial de dirección…
  • Valeria le arrebató el teléfono.
  • —¿Dónde están mis hijos?
  • Nadie respondió.
  • Rodrigo corrió hacia la sala de vigilancia.
  • Las cámaras mostraban a Arturo caminando por un pasillo de servicio. Llevaba a Nicolás cargado y sujetaba a Mateo de la mano.
  • Los pequeños no parecían comprender lo que estaba ocurriendo.
  • Entonces sonó el teléfono interno.
  • Rodrigo reconoció la voz de su amigo.
  • —No hagas tonterías. Tus hijos están conmigo y todavía no les ha pasado nada.
  • —Arturo, si les haces algo…
  • —Cállate y escucha. Tu exesposa se llevó una memoria USB con los registros originales del proyecto Torre Norte. Llevo cinco años buscándola.
  • Valeria comenzó a temblar.
  • —¿Qué tiene que ver eso con mis hijos?
  • Arturo soltó una carcajada.
  • —Tú sabes perfectamente dónde la escondiste, Valeria. Siempre fuiste muy buena cosiendo.
  • Rodrigo miró el osito de peluche que Nicolás había dejado en la sala infantil.
  • Valeria se llevó una mano a la boca.
  • Bajo la costura negra del vientre del muñeco se encontraba el secreto que había protegido durante cinco años.
  • Y ahora Arturo estaba dispuesto a utilizar a sus propios hijos para recuperarlo.
  • PARTE 3
  • —Tienen veinte minutos —dijo Arturo por teléfono—. Después de eso, no respondo por lo que pueda pasar.
  • Rodrigo apretó el auricular con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
  • —¿Qué quieres exactamente?
  • —La memoria original. Sin copias falsas y sin policía. Valeria debe traerla al salón antiguo del ala oriente. Sola.
  • —Arturo, son niños de cinco años.
  • —Y tú eres un hombre que tiene mucho que perder. No compliques las cosas.
  • La llamada terminó.
  • Valeria permanecía inmóvil, abrazando el osito de Nicolás.
  • —Dámelo —pidió Rodrigo.
  • —No.
  • —Valeria, necesitamos saber qué contiene.
  • Ella lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
  • —Hace cinco años me quitaste todo porque confiaste en una carpeta de mentiras. Esta memoria era lo único que podía demostrar que yo decía la verdad.
  • Con unas tijeras pequeñas que pidió en recepción, abrió cuidadosamente una costura del muñeco.
  • Sacó una memoria USB envuelta en plástico.
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