Mi secretaria me convenció de que mi esposa me engañaba, así que la dejé y empecé una nueva vida con ella. Cinco años después, mi ex entró en mi hotel con dos gemelos que parecían hijos míos. “¡No permitas que te manipule!”, gritó mi pareja delante de los empleados. Yo solo pedí hablar en privado. Entonces mi ex sacó una vieja tarjeta del hotel y me reveló por qué había regresado precisamente ese día…
—¡Esos niños no pueden ser tuyos, Rodrigo! ¡Esa mujer te engañó hace cinco años! —gritó Daniela, antes de que su pareja pudiera hacer una sola pregunta.
Pero Rodrigo Salazar ya no la escuchaba. Estaba mirando a dos pequeños de cinco años que acababan de entrar al lujoso hotel del que era dueño. Los niños eran idénticos entre sí y tenían algo que lo dejó helado: sus mismos ojos oscuros, el mismo hoyuelo en la barbilla y aquella costumbre de levantar la ceja izquierda cuando desconfiaban de alguien.
Uno llevaba un suéter azul marino. El otro abrazaba un osito de peluche viejo, con un ojo de botón y otro cosido con hilo negro.
Rodrigo sintió que el corazón se le detenía.
Detrás de ellos estaba Valeria.
Su exesposa.
La mujer a la que había echado de su vida cinco años atrás, acusándola de infidelidad y de traicionar la empresa que ambos habían levantado prácticamente desde cero.
Aquella mañana de martes, el vestíbulo del hotel en Guadalajara estaba lleno de empresarios, turistas y empleados que corrían de un lado a otro. Rodrigo caminaba junto a Daniela, su antigua secretaria y actual pareja, revisando los preparativos de una importante reunión.
Hasta que vio aquellos rostros.
—Valeria… —murmuró.
Ella levantó la mirada.
Llevaba un vestido sencillo de flores, un suéter claro y un bolso desgastado. No tenía joyas ni ropa costosa. Parecía una mujer que había aprendido a salir adelante sin pedirle nada a nadie.
—Hola, Rodrigo.
Uno de los pequeños se escondió detrás de sus piernas.
—Mamá, ¿por qué ese señor nos mira tanto?
—Porque no nos conoce, mi amor —respondió Valeria.
Aquellas palabras le dolieron más que cualquier insulto.
Rodrigo se acercó lentamente.
—¿Cuántos años tienen?
—Cinco. Los cumplieron en abril.
Rodrigo hizo cuentas mentalmente.
Se habían divorciado en julio, cinco años atrás.
Recordó aquella tarde en su oficina, cuando Daniela le mostró fotografías de Valeria entrando a un restaurante con un desconocido. También había correos electrónicos que supuestamente demostraban que ella vendía información confidencial a la competencia.