Mi prometido me dejó para casarse con la hija de un millonario y me dijo: “Tú no perteneces a nuestro mundo”. Su madre hasta se burló de los 40 frascos de mermelada que preparó mi mamá para la boda. Me los llevé sin discutir. Un mes después me casé con su mejor amigo, un humilde taxista. A la mañana siguiente, alguien ofreció cinco millones de pesos para que nos divorciáramos…

La publicación incluía nuestra fotografía de boda.

Alguien había filtrado información sobre el patrimonio de Martín y aseguraba que yo lo había seducido para vengarme de Arturo.

Miles de personas empezaron a insultarme.

Algunos me llamaban cazafortunas.

Otros aseguraban que había robado información de mi empresa para entregársela a mi nuevo esposo.

Aquella misma mañana recibí una notificación del departamento jurídico.

La constructora me acusaba de obtener información confidencial sin autorización.

Querían convertirme en la responsable de las irregularidades que yo había descubierto.

Don Julián me acompañó a presentar mi declaración.

Mostramos las autorizaciones de acceso, el permiso para inspeccionar la obra y los registros que demostraban que Arturo había modificado uno de mis archivos.

La denuncia contra mí perdió fuerza cuando las autoridades solicitaron los expedientes originales de la empresa.

Pero yo comprendí que Barragán no se detendría.

Esa noche, mientras revisaba los archivos históricos del grupo constructor, encontré una referencia al apellido Ríos.

Busqué noticias antiguas relacionadas con transportes y terrenos industriales.

Lo que apareció en mi pantalla me dejó inmóvil.

Doce años atrás, una empresa de transporte llamada Ríos Hermanos había perdido sus instalaciones después de una disputa por supuestas deudas.

Su propietario, Joaquín Ríos, había denunciado que varios pagarés utilizados para quitarle el terreno contenían firmas falsificadas.

Los procedimientos avanzaron tan rápido que el hombre perdió su flotilla de cuarenta camiones y el patio donde había trabajado toda su vida.

Meses después murió de un infarto.

En una fotografía aparecía junto a su hijo.

Era Martín.

Tenía poco más de veinte años.

 

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