💖😰“Te pagaré 100 mil pesos, pero tienes que fingir que eres muda delante de mi familia”, me dijo un millonario que necesitaba una prometida falsa. Pensé que sería una cena sencilla y que ese dinero salvaría a mi madre. Sin embargo, sus padres parecían aterrados al verme. Guardé silencio hasta regresar a casa, donde abrí una vieja carta de mi padre fallecido y descubrí una pista que podía destruirlos…

  • PARTE 1
  • —Te voy a pagar cien mil pesos por fingir que eres mi prometida. Pero hay una condición: delante de mis padres tendrás que hacerte pasar por muda. No puedes pronunciar ni una sola palabra.
  • Daniela Moreno se quedó inmóvil, sosteniendo una charola llena de copas sucias.
  • El hombre que acababa de hacerle aquella propuesta estaba sentado junto al ventanal de un elegante restaurante de Guadalajara. Tendría unos treinta años, vestía un traje impecable y llevaba un reloj que probablemente costaba más de lo que ella ganaba en un año.
  • —¿Me estás tomando el pelo? —preguntó Daniela.
  • —Hablo completamente en serio.
  • El desconocido colocó un sobre grueso sobre la mesa.
  • —Me llamo Sebastián Robles. Mañana tengo una cena familiar. Mis padres llevan meses presionándome para que me comprometa con la hija de un socio. Necesito presentarles a alguien y terminar con sus planes.
  • —¿Y por qué tengo que fingir que no puedo hablar?
  • —Porque así evitarás preguntas incómodas. Les diré que te operaron las cuerdas vocales y todavía no recuperas la voz. Solamente tendrás que sonreír y asentir.
  • Daniela sintió una profunda indignación.
  • —¿Y crees que cualquiera aceptaría algo semejante?
  • Sebastián señaló discretamente el sobre.
  • —Cien mil pesos. Por una cena y, quizá, una visita más.
  • Daniela estuvo a punto de marcharse.
  • Pero recordó a su madre.
  • Elena llevaba tres años sufriendo las secuelas de un derrame cerebral. Apenas podía caminar y su dificultad para hablar empeoraba cuando estaba cansada. Los médicos recomendaban rehabilitación especializada, pero Daniela apenas conseguía pagar los medicamentos y la renta.
  • Trabajaba jornadas dobles, había abandonado sus estudios de enfermería y llevaba meses durmiendo menos de cinco horas.
  • Cien mil pesos podían cambiar muchas cosas.
  • —Quiero el dinero por adelantado —respondió finalmente.
  • Sebastián deslizó el sobre hacia ella.
  • —Aquí está todo.
  • Al día siguiente, Daniela llegó a un restaurante de lujo en la zona de Providencia. Llevaba un vestido color vino que había comprado años atrás para una graduación.
  • Sebastián la esperaba en la entrada.
  • —Recuerda nuestro acuerdo. Esta noche no puedes hablar.
  • Daniela lo miró fijamente y asintió.
  • En una mesa reservada estaban sus padres.
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