No entré.
Regresé al automóvil donde Patricia me esperaba.
—¿Estás segura de continuar? —preguntó.
Miré por última vez aquella casa.
—Más que nunca.
El viernes llegué temprano al juzgado.
Mi madre apareció sonriente, convencida de que el problema estaba resuelto.
Óscar incluso me saludó levantando el pulgar.
Cuando comenzó la audiencia, el abogado de Víctor se puso de pie.
—Su señoría, solicitamos reconocer la sustitución de la parte acreedora debido a una cesión de derechos celebrada ante notario.
El juez examinó los documentos.
Después levantó la mirada.
—¿La nueva titular del crédito se encuentra presente?
Me puse de pie.
Mi madre dejó de sonreír.
Y cuando el juez pronunció mi nombre, Óscar comprendió que aquella mañana no iba a salir del juzgado como había imaginado.
PARTE 3
—¿Elena Ramírez? —preguntó el juez mientras revisaba el expediente—. ¿Usted es quien adquirió los derechos de cobro del señor Víctor Aguilar?
—Así es, su señoría.
Óscar se levantó tan bruscamente que su silla golpeó el piso.
—¡Un momento! ¿Cómo que ella compró la deuda? ¡Mi hermana vino a pagarla!
El juez lo miró con severidad.
—Señor Ramírez, tome asiento. Estamos revisando una cesión de derechos. Permita que termine el procedimiento.
Mi madre me sujetó del brazo.
—Elena, ¿qué hiciste?
La miré tranquilamente.
—Lo que debí haber hecho desde el principio, mamá. Revisar los documentos antes de entregar mi dinero.
El abogado de Víctor explicó que su cliente había cedido legalmente los derechos derivados del préstamo, incluida la garantía hipotecaria.
Después de revisar la documentación, el juez reconoció mi nueva posición como acreedora dentro del procedimiento.
Óscar estaba completamente pálido.
