PARTE 1
—¡Si no me depositas 650 mil pesos antes del viernes, van a rematar nuestra casa! ¡Tu padre y yo terminaremos en la calle por tu culpa! —gritó mi madre entre sollozos.
Eran casi las once de la noche. Acababa de regresar de trabajar y estaba cenando unas enchiladas recalentadas cuando recibí su llamada.
—Mamá, tranquilízate. ¿Qué pasó?
—¡Debemos siete años de predial! ¡Ya llegaron los abogados! ¡El viernes habrá una audiencia! Tus hermanos no tienen dinero, Elena. Eres nuestra única esperanza.
Entonces escuché una voz masculina detrás de ella.
—Dile que te está fallando el corazón. Así te deposita mañana.
Era Diego, mi hermano menor.
