—Mi hija llegó divorciada y Mariana no quiso darle ni un cuarto. Roberto perdió la paciencia, ya se disculpó, y ahora ella quiere separar a toda la familia.
Esperé a que terminara.
Luego mostré una fotografía de la bodega donde habían puesto a Camila. Enseñé la constancia médica de mis lesiones. Después conecté mi computadora al televisor y reproduje el video completo.
Todos escucharon la primera bofetada.
Luego la segunda.
Y finalmente la voz de doña Teresa:
—¡Pégale otra vez! ¡Así va a aprender!
Nadie dijo nada durante varios segundos.
La tía que antes me había llamado para decirme que debía “ser más comprensiva” bajó la mirada.
Don Arturo preguntó:
—¿Y el documento?
Saqué la fotografía de la constancia de domicilio.
—Esta firma aparece debajo de mi nombre. Yo no la hice.
Miró a Roberto.
—¿Quién la puso?
Roberto terminó confesando delante de todos.
Entonces pasó algo que nunca olvidaré.
Claudia dijo que Roberto le había prometido resolver los documentos. Roberto respondió que ella lo había presionado porque temía perder a Diego. Doña Teresa aseguró que ella solo había pedido “ayudar a su hija” y que jamás le había ordenado falsificar nada.
Roberto la miró incrédulo.
—Pero cuando golpeé a Mariana tú estabas detrás de mí pidiendo que le pegara otra vez.
La familia que días antes se había unido contra mí comenzó a repartirse la culpa entre sí.
Don Arturo golpeó suavemente la mesa con la palma.
—Ayudar a un hermano deja de ser ayuda cuando para hacerlo atropellas los derechos de otra persona.
Yo guardé mis papeles.
—No vine a pedir que elijan entre ellos y yo. Vine porque me llamaron mentirosa y exagerada. Ahora ya vieron los hechos.
Roberto me preguntó si de verdad pensaba divorciarme.
—Sí.
—¿Por todo esto?
—No por una sola cosa. Por lo que todas juntas me enseñaron.
Presenté la demanda poco después.
El proceso no fue una guerra de película. No intenté dejar a Roberto sin nada. El terreno estaba legalmente a mi nombre porque había sido una donación de mis padres antes de la construcción. La casa, levantada durante el matrimonio con dinero de ambos, tuvo que valuarse y dividirse conforme correspondía. Yo conservé la propiedad después de compensar a Roberto por la parte que legalmente le pertenecía.
