Mi💖😰😱 esposo me miró con desprecio y dijo: “Cómprate tus cosas sola. Ya estuvo bueno de vivir de mi dinero”. No respondí, aunque llevaba siete años ayudándolo a construir su empresa mientras renunciaba a mi carrera. Esa misma noche encontré el contrato que él había firmado por 980 mil pesos. Cuando recibió la carta de mi abogada, recordó de golpe que éramos una familia…
—No sé. Pensé que todavía te importaba lo que me sucediera.
Me senté frente a él.
—Me importa, Adrián. Compartimos siete años de nuestra vida. Pero preocuparme por ti no significa que deba seguir sacrificándome para resolver tus problemas.
Guardó silencio.
Entonces pronunció unas palabras que llevaba mucho tiempo esperando.
—Cometí un error, Mariana.
Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—¿Cuál de todos?
Él respiró profundamente.
—Dejé de valorarte. Me acostumbré a que estuvieras ahí. Pensé que siempre me perdonarías, sin importar cómo te tratara.
—¿Y ahora qué cambió?
—Que te estoy perdiendo.
Lo miré con tristeza.
—Adrián, me perdiste mucho antes de que te pidiera devolver el dinero.
Pareció no entender.
—Me perdiste cada vez que llamaste inútil a mi trabajo. Cada vez que me comparaste con Valeria. Cada vez que presumiste frente a tus amigos que tú pagabas todo, sabiendo perfectamente de dónde había salido el dinero para empezar.
Se cubrió el rostro con las manos.
—Dame otra oportunidad.
Durante unos segundos recordé al hombre del que me había enamorado.
Aquel joven que me llevaba café cuando trabajaba hasta tarde, que me acompañaba a comprar materiales de diseño y que hablaba emocionado de tener una casa donde ambos pudiéramos cumplir nuestros sueños.
Todavía existía una parte de mí que lo extrañaba.
Pero también sabía que extrañar a una persona no significa que sea bueno regresar con ella.