A la mañana siguiente acudió al banco.
La empleada revisó el saldo y levantó la mirada.
—Señora Teresa, solamente quedan 14,860 pesos.
Teresa creyó haber escuchado mal.
Pidió todos los movimientos.
Encontró pagos de invitaciones y proveedores, pero también aparecían compras de ropa de diseñador, tratamientos de belleza, restaurantes y 2 noches en un hotel de lujo.
La mayoría de aquellos cargos correspondía a la tarjeta de Valeria.
Teresa solicitó la cancelación de las tarjetas y el cierre de la cuenta después de transferir el saldo restante.
Regresó a casa con los estados de cuenta.
Sobre el comedor descansaba una carpeta con los contratos de la boda.
Los abrió uno por uno.
Todos llevaban su firma.
Entonces encontró un correo electrónico impreso que nunca había visto.
Era una solicitud dirigida al administrador de la hacienda para modificar la persona responsable de los pagos restantes.
El documento incluía una autorización supuestamente firmada por ella.
Teresa examinó aquella firma durante varios segundos.
Se parecía muchísimo a la suya.
Pero ella jamás había firmado ese papel.
Parte 2: Teresa fotografió el documento y llamó inmediatamente a la hacienda.
—Necesito saber quién les entregó esta autorización.
La coordinadora, Mariana, revisó el expediente.
—Fue enviada desde el correo de la señorita Valeria.
Nos pidió que actualizáramos los datos de facturación.
—¿Llegaron a modificar el contrato?
—No, señora.
Nuestro departamento jurídico solicitó que usted confirmara personalmente la autorización.
Teresa sintió alivio.
—No la he firmado.
Necesito que suspendan cualquier modificación y me envíen una copia del correo original.
Después contactó a la abogada que había atendido la sucesión de Roberto.
La licenciada Patricia Herrera examinó los documentos aquella misma tarde.
—No podemos afirmar todavía quién falsificó la firma —advirtió—.
Pero hay suficientes motivos para conservar las pruebas y solicitar una aclaración formal.
Teresa pidió cancelar las contrataciones de las que era titular.
La hacienda retuvo 95,000 pesos de anticipo.
Otros proveedores aplicaron las penalizaciones previstas.
Al terminar, Teresa había perdido cerca de 163,000 pesos en depósitos no recuperables.
También decidió reemplazar las cerraduras.
Empacó cuidadosamente las pertenencias de Valeria y las dejó bajo el techo de la cochera.
A las 3:20 de la tarde, un automóvil blanco se estacionó frente a la casa.
Valeria bajó primero.
Intentó introducir su llave.
