La hija de 4 años de mi empleada entró a mi despacho con un traje negro y anunció: “Soy tu nueva guardaespaldas.” Horas después, mi reloj de bodas apareció dentro del mandil de su madre y mi jefe de seguridad dijo que ella lo había robado. La niña señaló su anillo de león: “Él lo puso ahí. Yo lo vi.” Aun así despedí a su madre… hasta que la pequeña volvió corriendo, llorando, con un dibujo en la mano: “No te tomes el té.”
Tenía constructoras, restaurantes, empresas de logística y otros negocios que jamás aparecían completos en una declaración fiscal.
Durante décadas, mi apellido había abierto puertas por respeto, dinero o miedo.
Lili no sabía nada de eso.
Para ella yo era simplemente el señor Vicente, el hombre que guardaba sus dibujos en lugar de tirarlos.
Su madre, Rosa, apareció corriendo.
—¡Lili!
Señor Moretti, perdón.
Le dije que se quedara abajo.
—Mamá, estoy trabajando.
—No estás trabajando.
—Lo estoy protegiendo.
—Me siento mucho más seguro —dije.
Rosa cerró los ojos.
—Por favor, no la anime.
Horas después descubrí que Lili no estaba jugando tanto como todos creíamos.
Tres noches antes había estado dibujando debajo de la mesa de la cocina cuando Dominic Cole, mi jefe de seguridad desde hacía 10 años, entró con Arturo, uno de los hombres de contabilidad.
Lili vio los zapatos de Dominic.
Escuchó hablar de mi té de las 6:15.
Escuchó la frase:
—Después parecerá natural.
También escuchó preguntar por Rosa.
—Para entonces ya estará fuera —respondió Dominic.
Luego vio una botellita en su mano.
No entendió qué significaba.
Solo entendió que Dominic parecía otra persona cuando creía que nadie lo observaba.
Por eso decidió convertirse en mi guardaespaldas.
Aquella misma tarde abrí un cajón de mi escritorio.
La caja de terciopelo estaba vacía.
Mi reloj de oro había desaparecido.
No era la pieza más cara que tenía.
Era la única que importaba.
Isabel me lo había regalado el día de nuestra boda.
Dentro había mandado grabar una frase:
“Vuelve a casa conmigo.”
Después de su muerte casi nunca lo usaba, pero sabía exactamente dónde estaba.
Dominic cerró el estudio, interrogó al personal y ordenó revisar habitaciones.