A la mañana siguiente acudió sola a una clínica privada.
Quería conocer las opciones médicas respecto a su embarazo.
Todavía no había tomado ninguna decisión.
Mientras esperaba, recibió una fotografía de un número desconocido.
Adrián aparecía sentado junto a Sofía en un hospital. Ella dormía apoyada sobre su hombro.
Debajo había un mensaje:
“Siempre va a regresar conmigo. No utilices a esa bebé para retenerlo.”
Elena bloqueó el número.
40 minutos después, la doctora explicó que existía una pequeña hemorragia y que el embarazo requería vigilancia.
—No tome decisiones precipitadas. Necesita reposo.
Cuando Elena salió del consultorio, encontró a Adrián esperando.
Su camisa estaba arrugada.
Parecía no haber dormido.
—¿Ibas a tomar una decisión sin decírmelo?
Elena levantó una ceja.
—¿Cómo supiste que estaba aquí?
—La cita apareció en el seguro familiar.
—Ya no necesito tu autorización.
—Es nuestra hija.
Elena sintió que algo se rompía dentro de ella.
—Ayer también era nuestra hija y me dejaste mudándome para correr con Sofía.
—Ella había perdido el conocimiento.
—Y yo estaba embarazada, divorciada desde hacía horas y abandonando la casa donde viví durante 3 años.
Adrián dio un paso hacia ella.
—No hagas esto, Elena.
—¿Hacer qué? ¿Recordarte las decisiones que tú mismo tomaste?
Él intentó tocarla.
Ella retrocedió.
—No termines el embarazo.
—Dame una razón.
—Porque es nuestra hija.
—Eso es un dato, Adrián. No una razón.
Él permaneció en silencio.
—Cuando descubras por qué realmente quieres que me quede con ella —dijo Elena— quizá ya sea demasiado tarde.
Durante las siguientes semanas, Adrián se transformó en el hombre atento que nunca había sido mientras estaban casados.
Mandaba comida preparada para las náuseas.
Pagó una enfermera.
Preguntaba antes de acudir a las consultas.
Cuando Elena decía que no quería verlo, respetaba la respuesta.
Sofía no tuvo la misma paciencia.
Comenzó a publicar fotografías antiguas con Adrián: viajes a Los Cabos, fiestas universitarias, cenas en Valle de Bravo.
En una escribió:
“Hay historias que siempre encuentran el camino de regreso.”
Los portales de espectáculos hicieron el resto.
En pocas horas presentaron a Elena como “la esposa provisional” que Adrián había elegido mientras esperaba a su verdadero amor.
