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Adrián abrió la puerta de la camioneta para ella.

Otra cosa que jamás había hecho antes.

Durante el trayecto, observó varias veces su vientre.

Elena decidió decir aquello que llevaba horas pensando.

—No voy a continuar con el embarazo.

El vehículo casi se desvió de su carril.

Adrián frenó frente a un semáforo y la miró con una furia que nadie en su empresa habría reconocido.

—¿Qué acabas de decir?

—No quiero que nuestra hija interfiera con tu nueva vida.

—¡Es mi hija también!

—¿Y qué será cuando nazca? ¿La hija incómoda de tu matrimonio anterior mientras tú formas otra familia?

El rostro de Adrián perdió el color.

Su propia madre había soportado durante años que su esposo llevara a otra mujer y a un hijo fuera del matrimonio a vivir bajo el mismo techo.

Aquella humillación la había llevado a perder toda esperanza.

Adrián había crecido jurándose que jamás repetiría esa historia.

—Elena… conserva a la bebé.

Ella dejó de respirar por un instante.

Pero entonces vio que Adrián ya no la estaba mirando.

Al otro lado de la calle, frente a la residencia, esperaba una mujer elegante vestida de blanco.

Adrián abrió la puerta y bajó.

La mujer corrió hacia él.

Elena reconoció inmediatamente aquella voz.

Era la misma que, 24 horas antes, había pedido que destruyera su matrimonio.

Y mientras veía a Adrián acercarse a ella, comprendió que lo que estaba por descubrir podía ser mucho peor que una simple infidelidad.

PARTE 2

La mujer se llamaba Sofía Beltrán.

Durante años, su nombre había circulado discretamente entre las familias adineradas de Ciudad de México.

Había sido el gran amor de Adrián antes de Elena.

También había sido la mujer que lo abandonó cuando Grupo Salvatierra estuvo a punto de quebrar y aceptó casarse con el heredero de una familia española.

Sofía abrazó a Adrián.

Él no correspondió al abrazo, pero tardó demasiado en apartarla.

Elena observó desde la camioneta.

Curiosamente, no sintió celos.

Sintió cansancio.

Sofía miró hacia el vehículo y descubrió su vientre.

—No sabía que estaba embarazada.

—Sí —respondió Adrián.

—Pero dijiste que ibas a divorciarte.

—Ya ocurrió.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Sofía.