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—Lo sé.
Vendieron el segundo automóvil, renegociaron parte de la deuda con el banco y elaboraron un presupuesto juntos.
Después vino la conversación más difícil.
Verónica reunió a la familia en casa de Elena.
Durante meses todos habían supuesto que Mauricio podía encargarse de cualquier necesidad porque era “su esposo”.
Nadie preguntaba si necesitaba ayuda.
Nadie se ofrecía a llevar a Elena a terapia física.
Nadie cubría una tarde para que Mauricio descansara.
—Nosotros también la regamos —admitió Verónica—.
Convertimos a Mauricio en enfermero de tiempo completo y luego nos sorprendimos porque terminó agotado.
A partir de entonces organizaron una red sencilla.
2 tardes por semana Elena tendría apoyo de una asistente durante su rehabilitación.
Verónica la acompañaría a algunas consultas.
Mauricio recuperaría tiempo para sí mismo.
Y Elena comenzó a moverse sola nuevamente.
La primera vez que fue a una cafetería sin él, Mauricio quiso ofrecerse a llevarla.
Se detuvo a mitad de la frase.
—¿Quieres que vaya contigo?
Elena sonrió.
—No.
—Está bien.
—Pero puedes invitarme un café cuando vuelva.
—Trato hecho.
También comenzaron terapia de pareja con Jimena.
En la primera sesión conjunta, Elena la observó durante varios segundos.
Después soltó una pequeña risa.
—Tengo que admitir que durante unas horas pensé cosas bastante desagradables sobre usted.
Jimena levantó una ceja.
—Mauricio me contó lo de la carta.
—También encontré documentos de divorcio.
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