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—Eso explica muchas cosas.
Mauricio se hundió en el sillón.
—¿Podemos no mencionar esos papeles durante los próximos 40 años?
—No —respondieron ambas mujeres al mismo tiempo.
Elena rio por primera vez en semanas sin sentir un peso en el pecho.
Su visión continuó mejorando durante los meses siguientes.
Nunca recuperó el 100%.
Pero volvió a reconocer rostros, leer letras grandes y caminar por su casa sin bastón.
6 meses después, el médico confirmó que la recuperación probablemente había alcanzado su punto máximo.
Mauricio estaba sentado junto a ella.
—¿Qué es lo primero que quieres hacer? —preguntó al salir del consultorio.
Elena lo pensó.
—Quemar algo.
Esa noche sacaron los documentos de divorcio.
Los papeles seguían completamente en blanco.
Mauricio los sostuvo sobre un recipiente metálico en el patio.
—¿Lista?
—Espera.
Elena tomó la maleta negra del clóset.
Mauricio se puso pálido.
—No pienso quemar la maleta.
—Menos mal.
—La vamos a usar.
—¿Para qué?
—Para irnos 3 días a San Miguel.
Mauricio sonrió.
—¿Eso significa que todavía quieres viajar conmigo?
Elena sostuvo su mirada.
—Significa que quiero seguir casada contigo.
No significa que puedas volver a esconder una maleta debajo de mi cama.
—Nuestra cama.
—Si vuelves a hacer algo así, será mi cama.
Mauricio soltó una carcajada.
Elena acercó una cerilla a los papeles.
Las hojas comenzaron a arder.
Durante mucho tiempo ella había pensado que recuperar la vista sería simplemente volver a distinguir colores, rostros y caminos.
Se equivocaba.
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